La enigmática colección del Padre Crespi: «Un Museo de Vestigios Atlantes»
Publicado el 14 Oct 2019
© Imagen: archivo / codigooculto.com

Hace más de una década mientras me encontraba redactando un artículo, una vieja historia volvió a cruzarse en mi camino. Fue cuando me topé con el enigma de Tayos, que Erich von Däniken popularizara en su libro, «El oro de los Dioses» allá por 1972, siendo uno de sus primeros best sellers. Aquel trabajo que lo catapultara a la fama universal, descubriría en paralelo furiosa controversia, actualmente aún viva. La inclusión de un intrigante material a color, donde von Däniken presentaba hermosas piezas, de un origen inclasificable en lo histórico, pertenecientes a un museo salesiano en Ecuador, puso en el alerta al mundo.

Y es que la llamada Colección Crespi quitaba al aliento, iniciando a partir de entonces, su fama como uno de los tesoros sudamericanos más asombrosos.

Carlos Crespi Croci, y un museo de película

Carlos Crespi Croci, y un museo de película. Cortesía: carlocrespi.org

Invito al lector a conocer pormenores, de una de las historias más llamativas en cuanto a misterios.

El Salesiano Rebelde

“Cuando estudiaba en el Colegio San Ambrosio, habíame recién adormecido y la Virgen me mostró una escena: por un lado el demonio quería agarrarme y arrastrarme; por otro el Divino Redentor, con la cruz me mostraba otro camino. Luego me vi vestido de sacerdote con barba, subí a un viejo púlpito teniendo a mí alrededor una multitud de personas ávidas de oír mi palabra. El púlpito no se hallaba en una Iglesia sino en una cabaña. Enseguida me desperté, algunos compañeros de dormitorio que estaban aún despiertos, oyeron mi prédica y al día siguiente me lo contaron”. Padre Carlos Crespi.

Temprana fotografía de Carlos Crespi, retratado en 1926

Temprana fotografía de Carlos Crespi, retratado en 1926. Cortesía: carlocrespi.org

Carlos Crespi Crocce nace un 29 de mayo de 1891 en Legnano, Milán (Italia). Hijo de una familia numerosa, a los 15 años pidió ser incorporado como novicio en el Colegio Salesiano de Turín. Durante sus años de formación aprendió filosofía, ciencias naturales, matemáticas y música.

El Instituto Cornelio Merchán Tapia, que desde 1936 hasta 1962, fue sede del Museo Crespi

El Instituto Cornelio Merchán Tapia, que desde 1936 hasta 1962, fue sede del Museo Crespi. Cortesía: carlocrespi.org

En 1923 arriba con un contingente de salesianos al Ecuador, que se convertiría en su residencia definitiva. Se establece en Cuenca, provincia de Azuay (oriente meridional), erigiendo su base de operaciones en la Iglesia María Auxiliadora. Su aporte a la región es inmenso:

Construye puentes, caminos de herraduras, escuelitas para los hijos de los colonos y más tarde funda también talleres de carpintería y mecánica.

Lleva energía eléctrica a los lugares olvidados, y hasta se da tiempo para incursionar en el cine, filmando películas documentales, dedicando una de sus primeras producciones a mostrar a los indios colorados, ‘Los invencibles Shuaras en el Alto Amazonas‘, 1927, que proyectó en varias ciudades de Ecuador así como Europa, permitiéndolo recaudar dinero para continuar con su obra”.

Pero este sacerdote incansable, tenía una afición casi desconocida para una gran mayoría de ecuatorianos, la Arqueología, que databa de su tiempo como estudiante en la Universidad de Milán, antes de ingresar a la Orden Salesiana. Según testimonios, Carlos Crespi comenzó la organización de su famoso Museo en 1931, aunque otras voces hablan de 1935. Posiblemente sea este último año, coincidente con la fundación del Instituto Cornelio Merchán Tapia, en la ciudad de Cuenca, donde Crespi realizaría la mayor parte de su obra, especialmente educativa.

Instantánea de Crespi captado, contemplando con ojos pensativos, su inclasificable colección

Instantánea de Crespi captado, contemplando con ojos pensativos, su inclasificable colección. Cortesía: carlocrespi.org

Un descubrimiento casual mientras se realizaban excavaciones para edificar el imponente Instituto Merchán Tapia, disparó sus ansias por contar con un reservorio de material arqueológico, que tomara como inspiración, el Museo Egipcio de Turín, uno de los más importantes en Italia.

Es así que Crespi inicia una ambiciosa recolección, que tiene a la comunidad indígena como uno de sus principales proveedores. Aunque no serán los únicos. Otras donaciones provendrán de agricultores locales, coleccionistas privados, artesanos, y huaqueros, además de aportes personales del propio Crespi, traducido en compras, así como hallazgos realizados durante exploraciones. En realidad Crespi aprovechó su empuje arqueológico, ante la propia indiferencia oficial, poco interesada en el rescate de la herencia indígena. Lentamente la colección fue tomando vida, creciendo a pasos agigantados. Sin embargo los problemas no tardaron en surgir, alimentados por la falta de espacio, y el poco tiempo empleado por Crespi debido a sus propios deberes clericales, que impedían una mejor supervisión de esas piezas.

Enigmáticas piezas Crespi, captadas en los setenta

Enigmáticas piezas Crespi, captadas en los setenta. Archivo Personal / Débora Goldstern

Crespi inicia una acumulación sistemática, que va a carecer de cualquier clasificación y datación concisa. En definitiva, un estudio serio que procure brindar información detallada, acerca de los objetos. Nada de esto sucedió. No obstante, el Museo empieza a recibir atención, y se convierte en la comidilla local ante los artefactos expuestos, incongruentes con las culturas tradicionales referenciadas dentro del propio Ecuador, así como el resto de Sudamérica. Ya por esa época Crespi comienza a dar forma a una idea personal, donde una antigua globalización precolombina habría alcanzado gran tráfico en el pasado de América, siendo Medio Oriente, Asia y África alguno de sus ejes principales.

Que un sacerdote expresara abiertamente estas ideas, fue visto como una provocación, especialmente entre los historiadores locales, donde una América comunicada interfería con un pasado de aislamiento. Otros actores también manifestaban su fastidio, como por ejemplo el propio Vaticano, que empezó a inquietarse ante la audacia de uno de los suyos. Las represalias no tardaron en manifestarse.

El extraño incendio del Museo Crespi. Atentando contra el lado incómodo de la Historia

En 19 de Julio de 1962 un voraz incendio nocturno, atacó las instalaciones del enorme edificio Instituto Cornelio Merchán Tapia, donde en tres salas, Carlos Crespi tenía almacenado su Museo. Ecuador se encontraba viviendo épocas convulsionadas en lo político, alarmado por el triunfo cubano, y la creciente tensión con Estados Unidos.

Imágenes del incendio que en 1962 hiciera arder al hermoso edificio, Instituto Cornelio Marechán Tapia. ¿Fue obra de un atentado?

Imágenes del incendio que en 1962 hiciera arder al hermoso edificio, Instituto Cornelio Marechán Tapia. ¿Fue obra de un atentado? Cortesía: fotografiapatrimonial.gob.ec

Tan sólo meses después se produciría la crisis de los misiles, que llevaría esta animosidad al máximo. Lo cierto es que Ecuador internamente se veía afectado con esta situación, con un presidente, Carlos Julio Arosemena Monroy, que resultara luego derrocado por una junta militar. Se dice que este alzamiento contó con la infiltración de la CIA, como lo denunciara más tarde el informante Philip Agee en su libro, «Inside the Company: CIA Diary», publicado en 1975, y libro prohibido en el Ecuador.

Dentro de este contexto la Iglesia Católica ecuatoriana, ejercía un feroz anticomunismo, que veían como una exaltación del ateísmo repudiado, practicando además, conservadurismo a ultranza. La Orden Salesiana que desde el siglo XVIII tenía una presencia activa, recibió un duro golpe en 1860 cuando fuera expulsada del Ecuador, ante diferencias políticas. No obstante en 1900 se produjo un regreso triunfal, al ganar un juicio que les permitió recuperar bienes incautados.

Su papel en Ecuador tiene como objetivo acentuar la evangelización indígena, (que algunos ven como una forma de dominación, y colonización encubierta), recibiendo para su tarea apoyo local. Teniendo en cuenta estos puntos, podemos entender aquel incendio aún recordado, fue provocado en parte por estos factores detallados, pero hay algunos datos que introducen más tensión. La Colección Crespi había empezado a ser una real molestia, no solo para el Vaticano, sino para otros actores encubiertos, molestos quizás, por la irrupción de ésta historia alternativa desplegada por el inquieto salesiano.

Crespi sosteniendo famosa plancha de estilo hindú, grabada con 52 símbolos. Sin dudas, uno de los objetos más icónicos del desaparecido Museo

Crespi sosteniendo famosa plancha de estilo hindú, grabada con 52 símbolos. Sin dudas, uno de los objetos más icónicos del desaparecido Museo. Archivo Personal / Débora Goldstern

Aunque las pérdidas fueron cuantiosas en cuanto a la estructura edilicia, la Colección Crespi sufrió algunas consecuencias, pero no tantas como se suele relatar, logrando en su mayor parte sobrevivir al desastre. Durante la realización de mi libro sobre Cueva de los Tayos. Secretos Subterráneos de los Mundos Olvidados, 2016, logré localizar un documento de interés, pluma del propio Crespi, resultando en una carta reveladora, escrita un mes después de los incidentes, y remitida al Dr. Antonio Santiana, presidente de la Sociedad de los Amigos de la Arqueología en el Ecuador, testimoniando lo siguiente:

El museo arqueológico se defendió de una forma heroica. El magnífico salón de los cobres, de las lápidas funerarias con escritura antigua, centenares de objetos de alfarería, en total 5.000 objetos se salvó completamente, este estando en un salón de cemento armado, el museo de piedras también se salvó casi todo y algunos monolitos de algunos quintales se partieron después del incendio: el último pedazo está bien guardado en un parque y ya se está reconstruyendo, gracias a la oferta generosa del señor Di Capúa, ya se improvisó otro museo y las miles de piedras intactas figuraran para el 10 de agosto.

Conclusiones: el gran museo de alfarería y oro fue salvado todo, el gran museo de cuadros artísticos y esculturas intacto, intacto también el gran museo de cobre y alfarería selecta, salvado el museo de cuadros del corredor en un 80%, quedando por remendar algunos monolitos pesadísimos, salvado todo el museo orientalista de las llamas, pero dañados muchos pájaros por el agua y no pocas aves robadas en una minga 3 días después del incendio, los cuadros artísticos de poco valor se quemaron, digo de poco valor pues en 25 años de exposiciones en el Teatro, apenas me daba cuenta de alguna buena pintura la retiraba de los corredores y la guardaba en un deposito especial que quedó intacto”.

Pero como dijimos, ¿tan sólo la animosidad anticlerical provocó el fatal incendio, obra de los activistas comunistas, según dicen algunos, o podemos atribuir el intento de destrucción, a otra cosa menos visible? Y volvemos a lo mismo ¿se había convertido el Museo en una afrenta para ciertos intereses históricos inamovibles? Ya mucho antes de estos sucesos, robos ocasionales se habían intensificado. Podemos pensar los mismos como obra de coleccionistas privados, ansiosos por hacerse con éste material apócrifo.

Otros informes recogidos por esta autora, sugiere la existencia de un complot por parte de los propios salesianos, aunque lo mismo suene a incongruencia. Descartando esta hipótesis, ¿quiénes y por qué? Por supuesto preguntas incómodas. Lo cierto es que luego de estos eventos, Carlos Crespi, tomaría recaudos en cuanto el resguardo de su inclasificable tesoro, llevando a depositar las evidencias más caras (aquellas piezas realizadas en metales valiosos, como por ejemplo, oro y otros metales preciosos) en caja fuerte de bancos. Nacerían también los duplicados, que confundirían a los expertos, llevando a bautizar aquellas piezas, «como simples baratijas». Ignoraban cuán equivocados estaban.

Vestigios Atlantes en los Andes

Luego de la quema intencional, el Museo Crespi retoma lentamente sus actividades, apoyado por una rápida reconstrucción de las principales instalaciones. El nuevo museo sería albergado en el sótano de la Iglesia María Auxiliadora. Una serie de icónicas visitas por partes de estudiosos extranjeros, interesados en contemplar la colección in situ, legarán algunas interesantes reflexiones. Quién primero tomó protagonismo fue Pino Turolla. De origen yugoslavo, Turolla (1922-1984), era de noble ascendencia y contaba en su currículum con un título nobiliario. Fue combatiente en la segunda guerra mundial al lado de tropas inglesas. Finalizada la contienda, se trasladó a Miami (USA), donde se dedicó a la exploración submarina. Turolla creía en la existencia de la perdida Atlántida, y buscaba pistas de esta civilización desaparecida. Centró su búsqueda en Bimini, para después trasladar el centro de operación a los Andes.

Para 1965 comenzó a trabajar en las regiones amazónicas del Ecuador y Perú, explorando lugares hasta entonces inaccesibles. En una de sus recorridas, fue puesto al tanto de la Colección Crespi y se dirigió a visitarla. Poco tiempo después, Turolla público un libro, «Más Allá de los Andes: mi búsqueda de una civilización pre-inca» (1980), que en uno de sus capítulos retrataba los resultados de su encuentro con el sacerdote. Simplemente Turolla no creyó en Crespi, y el desorden de la colección lo llevó a pensar que el sacerdote no estaba en sus cabales.

El conde italiano Pino Turolla, quién legó un informe muy negativo sobre el Museo Crespi, durante su visita en la década del 60'

El conde italiano Pino Turolla, quién legó un informe muy negativo sobre el Museo Crespi, durante su visita en la década del 60′. Archivo Personal / Débora Goldstern

Poco después arribaría una celebridad mayor, el Dr. Joseph Manson Valentine, (1902-1994), biólogo marino y descubridor de la célebre carretera de Bimini, supuesto vestigio atlante allá por 1968. Valentine, quién más tarde alcanzaría repercusión a través de la divulgación de los libros de su amigo Charles Berlitz, que popularizara sus hallazgos, hizo una visita al Museo Crespi, creyendo advertir en la colección vestigios de la desaparecida Atlántida. Legó sus impresiones en un trabajo Men Of Good Faith. The Carlos Crespi Collection, Cuenca, Ecuador, que diera a conocer en el prestigioso New World Antiquity.

Publicado en el número de Ene-feb 1968, pocos meses después en setiembre de ese mismo año, el mundo se asombraría con su anuncio de una carretera atlante, bajo las aguas del Caribe. Manson Valentine sería continuado por Richard Wingate, (1933-2011), quién a petición suya se reuniría con Carlos Crespi. Calificado como experto minerólogo, explorador, conocimientos en arqueología submarina, ésta última consigna lo llevarían a la búsqueda del continente perdido revelado por Platón, en sus célebres diálogos. Wingate alegaría hallazgos en Bahamas, donde dijo detectar edificaciones bajo el mar. Su primer acercamiento al Museo tuvo lugar en los setenta, y que una década más tarde retrataría en su célebre libro «The Lost Outpost of Atlantis», 1980. Allí dejaría impresiones escritas, y fotográficas sobre lo observado, de naturaleza imborrable.

Yo estaba asombrado por su gran colección de artefactos. Había unas cuantas series, de lo que parecían ser brillante trajes dorados de armadura de gala inca, junto a cascos de oro de estilo caldeo, y placas de oro con inscripciones de un alfabeto lineal, más tarde identificados como proto-fenicio por el profesor Barry Fell. Se apilan al azar en el piso, rojos escudos de cobre, mucha cerámica, láminas, y rollos de metal de color plata, otros enchapados en oro, engranajes extraños y ruedas, tubos de latón peculiares sin enroscar. Dispersos entre el oro, placas que representan dinosaurios. “El tesoro del rey Midas apilado en la selva, pensé”.

La recordada visita del estudioso norteamericano al Museo Crespi en los setenta, Richard Wingate uno de los grandes atlantólogos de su época

La recordada visita del estudioso norteamericano al Museo Crespi en los setenta, Richard Wingate uno de los grandes atlantólogos de su época. Archivo Personal / Débora Goldstern

El interés ante lo observado, llevó a Wingate a prolongar su estancia ecuatoriana, haciéndolo incursionar en el Museo tres veces más. Como dato crucial, además del atentado que sufriera la colección en 1962, el investigador se hace eco de otro incendio, el cual se habría registrado en 1974, sin contar con los robos ocasionales.

Aunque en su momento, Crespi minimizó los daños de su colección a causa de estos siniestros, le admitió a Wingate que parte de los tesoros si fueron afectados, lo cual llevó a una reducción de su valor, evidenciándose un deterioro pronunciado. También le señaló que como una forma de preservar el patrimonio, las piezas más importantes fueron apartadas, siendo desde entonces custodiadas en la caja fuerte de un Banco. Como resultado, se produjo una duplicación de las evidencias originales, develando la confusión posterior.

Acerca de los orígenes del tesoro, Wingate recoge lo siguiente:

Cuando el padre Crespi y sus excavadores indígenas hablan de los lugares donde se encuentran sus artefactos, describen pirámides gigantes, templos e inmensas ciudades desiertas. También de fantásticos túneles sagrados y cuevas. Las ciudades, dicen, todavía brillan con una luz azulada. Los túneles son, según informes, suficientemente grandes para conducir en su interior hasta una locomotora. Entradas y paredes, que según los nativos, son tan suaves como el cristal. Los Tayos, a decir de Crespi, también serían de la partida”.

Enormes tiras de aluminio que Richard Wingate localizara dentro del Museo ¿Evidencias Atlantes?

Enormes tiras de aluminio que Richard Wingate localizara dentro del Museo ¿Evidencias Atlantes? Archivo Personal / Débora Goldstern

En sus conclusiones finales, arriesga la teoría que mucho de los tesoros estarían emparentados con el legado atlante, pudiéndose observar incluso restos de tecnología avanzada. Estas deducciones derivaban sus fuentes de escritos teosóficos, así como de las lecturas proféticas legadas por Edgar Cayce. Uno de los ejemplos que más impactaba en su libro, era el retrato de extensas tiras de metal, bautizadas como serpientes de aluminio, nunca antes vistas en otros registros de la colección, rescatadas de la selva gracias a la intervención indígena. Según Wingate, este material encontraba su relación en un viejo tratado de Annie Bessant y C.W. Leadbetaer, (1913) «El Hombre. De dónde y cómo vino ¿A dónde va?».

Narra Wingate:

En la época a que se refiere nuestra información, los habitantes del Perú no conocían nuestro arte del dorado, pero eran sumamente hábiles en forjar anchas y delgadas planchas de metal, por lo que no era raro que las paredes de los templos estuviesen completamente revestidas de planchas de oro y plata, cuyo espesor solía medir seis milímetros y se las amoldaba a los delicados relieves de la piedra, como si hubiesen sido de papel, de modo que, desde nuestro moderno punto de vista, un templo era frecuentemente depósito de indecibles riquezas”.

Estas visiones de un continente desaparecido vinculado al tesoro Crespi, serán compartidas también por János Móricz, quién vinculará sus propios descubrimientos en Cueva de los Tayos, con la tesis atlante, tal como lo revelara en una vieja entrevista de 1978, compartiendo lo siguiente:

Después de múltiples observaciones y de incesantes investigaciones relacionadas con el sistema de túneles, he llegado a la conclusión que existe un mundo subterráneo en las entrañas de la cordillera de los Andes. Este sistema tiene, de hecho, muchas entradas diferentes. Algunas de ellas están obstruidas, otras están abiertas pero siempre son muchas las vías de acceso. En alguna parte allí abajo hay objetos y reliquias del pasado remoto. Estoy hablando de muchísimos años, miles de años, de una época muy anterior a la existencia de los gigantes. Existen carros de guerra en ciertos lugares, restos de antiquísimas culturas y objetos que nos recuerda vivamente lo que conocemos acerca de la Atlántida”.

Carlos Crespi, apóstol de los pobres. El santo de Cuenca

Carlos Crespi, apóstol de los pobres. El santo de Cuenca. Cortesía: carlocrespi.org

En mi extensa investigación de casi una década, me encontraría con una pista sugerente acerca del origen de algunas piezas del controversial Museo Crespi, deparándome alguna que otra sorpresa. Veamos.

La Sombra de Lemuria

Sucedió cuando en el 2009 encontré el sitio Ancient Tresaures Hunter, del estudioso norteamericano Steve Shaffer, donde di con piezas nunca antes vistas de la colección Crespi. Este increíble material fotográfico mostraba una serie de objetos, cuyos grabados semejaban a culturas de Oceanía, acompañados por la siguiente leyenda:

Las fotos que se muestran aquí, son parte de una gran colección de Cuenca, Ecuador recogidos por los indios locales y llevados al Padre Crespi. El sacerdote tenía una habitación llena de objetos de oro, de todas las formas y tipos, incluyendo; estatuas, discos solares, vasos, ollas y platos, e incluso, criaturas modeladas y cubiertas con pan de oro. Muchos de los artefactos vinieron de las cuevas y ruinas, de un templo antiguo dentro del área de la parroquia. En Paute, trabajadores que estaban construyendo una carretera descubrieron accidentalmente un gran santuario de la cueva. La topadora cortó un lado de la colina abriendo un agujero en la cueva. Un hombre fue enviado para investigar al interior, pero no salió. Otro hombre fue enviado, y tampoco regresó. Se buscó entonces al sacerdote, quién reconoció el problema de inmediato, dando instrucciones a los trabajadores para hacer otro agujero, para así ventilar la cueva por un día. Luego de eso al día siguiente, el sacerdote y algunos de los trabajadores entraron a la cueva, buscando los dos hombres perdidos.

Inquietantes grabados que fueran retratados por el célebre ufólogo, Wendelle Stevens. ¿Restos de Lemuria?

Inquietantes grabados que fueran retratados por el célebre ufólogo, Wendelle Stevens. ¿Restos de Lemuria? Archivo Personal / Débora Goldstern

Para su sorpresa, se encontró dentro de la cueva, con un santuario albergando un tesoro de alguna civilización perdida desde hacía mucho tiempo en el pasado. Vio una serie de Tikis gigantes, tallados en guayacán. Grandes ollas de barro, y algunas botellas de almacenamiento de arcilla. Bajo muchas pulgadas, casi un pie de profundidad en algunos puntos de guano de murciélago, el sacerdote, encontró tabletas de oro macizo, promediando unos ocho a doce pulgadas de largo, por seis a nueve pulgadas de ancho, grabadas en relieve profundo, hasta tres cuartos de pulgada de espesor. Estas placas parecían ser piezas de fundición de arena, a las cuales se les había frotado un fino acabado brillante de un lado, probablemente, con palos de guayacán, brindándoles así una terminación casi de joyería en el frente. El dorso de las piezas, tenían una producción de oro de metal no terminado o revestido de cualquier manera. Estas planchas de oro estaban tasadas entre treinta a cincuenta libras, dependiendo de su tamaño. En algunas de estas placas, mayoría de oro y plata, se les añadieron piedras preciosas como rubí, zafiro y esmeraldas, introduciéndolas en pequeñas cavidades dentro del metal. Las escenas representadas en estas placas parecían aludir a una civilización desconocida, probablemente pacífica en su origen. El estilo y la disposición de los muebles, ropa usada, y los peinados mostrados en las figuras humanas, no se ajustaban a ninguna sociedad conocida para ellos”.

Según lo evidenciado, el descubrimiento tuvo lugar en el cantón de Paute, ubicado a cuarenta kilómetros de Cuenca, donde la arqueología ubica importantes asentamientos de la etnia Cañaris. Más allá de estos datos, la realidad marca que los hallazgos pocos tienen que ver con las culturas de la zona, ignorándose su real procedencia ¿Tesoro enterrado? ¿Pero por quién? Para conocer un poco más de la historia, me puse en contacto con Shaffer, revelándome que esas tomas, le fueron proporcionadas por el coronel Wendelle Stevens, quién visitó el Museo en la década del 70′.

Al escuchar el nombre de Stevens, una catarata de imágenes me vinieron a la mente, comenzando con el contactado suizo Billy Meier, a quién éste oficial de la USAF apadrinó, transformándose más tarde en un reputado ufólogo. Sabido fue su pasión por el tema OVNI, que lo llevó a recorrer medio mundo, para captar y documentarse sobre el fenómeno. Sin embargo, sus andanzas por la selva ecuatoriana recibieron poca prensa, aunque algunos datos ya circulaban.

En 2013 se publicó «Hitler’s Treasure of the Ancient World», obra post mortem, donde Stevens habla sobre sus pesquisas en tierras jíbaras. Cuenta que su interés se inicia con la búsqueda del tesoro de Atahualpa, lo cual me recuerda a János Móricz, dedicándose durante tres largos años, 1972-1975, a tratar de localizar el esquivo cargamento inca. Fue en ese período que Stevens se involucró con el Museo Crespi, convirtiéndose más tarde en uno de los pocos investigadores en ver in situ, la perdida colección. Su libro, sin embargo, se decanta por la cuestión nazi, que creía vinculada a ciertos manejos del Museo, basada en sus observaciones sobre la pinacoteca albergada también por Crespi, la cual suponía, eran legados originales robados por los nazis durante la Segunda Guerra, y trasladadas luego al Ecuador.

Esta hipótesis se contradecía con la opinión de los expertos, los cuales alegaron que esas obras, eran imitaciones realizadas por artistas quiteños. Otro atrevimiento sugería, según Wendelle, a Crespi como Hitler escapado, y con cirugía incluida, lo cual no amerita ningún comentario.

Más allá de estas curiosidades, lo cierto es que la colección inmortalizada por Stevens, mostraba piezas originales, muy lejos de los cachivaches denostados por los críticos. En algunas de esas instantáneas, podíamos observar verdaderas diapositivas del pasado, ensambladas en formas de trípticos, que más tarde fueron desmanteladas, convirtiéndose en plaquetas únicas. Estas piezas en lo personal me transmiten cierta connotación que me llevan a pensar si la perdida Lemuria, otro continente aún invisible en la historia, pudiera ser parte de este hallazgo sudamericano. Aunque por el momento es tan sólo una pista esbozada.

Carlos Crespi en plena obra sacerdotal, su enigma continúa

Carlos Crespi en plena obra sacerdotal, su enigma continúa. Cortesía: adb.ec

Réquiem para la Colección Crespi

En 1972 el mundo se ve conmocionado con la publicación del «El Oro de los Dioses», icónico libro de Erich von Däniken. Su historia divulgada por aquel entonces, atrajo aún más atención hacia el Museo de Crespi y sus tesoros. Se sucedieron más visitas ilustres, y el asombro continuó reinando, pero en 1982 con el fallecimiento de Carlos Crespi, su legado entró en un cono de sombras, iniciándose un largo calvario sobre el destino de las piezas, cuyo rastro comienza a esfumarse. Final anunciado para algunos, o presagios cumplidos, da igual. Lo cierto es que desde entonces, conocer el paradero de aquellas piezas inmortalizadas en tantas fotografías, se convirtió en una tarea detectivesca. Los primeros informes conocidos, hablaron de una importante venta por parte de los salesianos, que tuvo como primer destinatario el Banco Central del Ecuador, quién pagara elevada suma por hacerse con parte de esa colección.

Increíblemente, este hecho tuvo lugar dos años antes de la muerte de Crespi, 1980. Algunos rumores señalan que el sacerdote se resignó a su destino, agobiado ya en ese entonces por una enfermedad mental, que lentamente le iba quitando lucidez en sus actos. El gran desorden de la colección determinó acciones drásticas, como por ejemplo, el descarte de piezas catalogadas como no importantes, que terminaron convertidas en chatarra. Otros artefactos se fundieron.

Pero más actores entraron en juego, coleccionistas privados, ávidos por hacerse con el valioso botín. Aunque muchos estudiosos sostenían el libreto de hábiles falsificaciones por parte de artesanos locales, en 1968 la colección fue examinada por un arqueólogo ecuatoriano de gran renombre, el sacerdote Pedro Porras Garcés, quién fuera comisionado con la tarea de determinar su validez.

Una vieja imagen del Museo Crespi, cuando aún funcionaba

Una vieja imagen del Museo Crespi, cuando aún funcionaba. Cortesía: carlocrespi.org

Sobre el asunto expresaría:

Las estelas de piedras o tabletas con inscripciones, en su totalidad no parecen falsificaciones vulgares. Cabe señalar el porcentaje de objetos auténticos, una vez separados de las falsificaciones extremadamente interesantes, dada la rareza y calidad de algunos especímenes”.

Cabe destacar este intento por sustentar la legalidad del Museo, tuvo un antecedente anterior que se remonta a 1965, cuando se cursa una carta a la OEA (Organización de los Estados Americanos), invitándose a expertos para realizar una curaduría de la colección. La carta de intención fue redactada por el historiador ecuatoriano, Tomás Vega Toral, donde en uno de sus párrafos escribe:

Estos hallazgos están prácticamente enterrados y pasan casi desapercibidos, como se puede ver al visitar el museo. Si el informe de los expertos fuera positivo, podríamos ver si es posible brindarle ayuda financiera para construir, tal vez no un edificio, pero si al menos, un gran salón, en la misma Casa Salesiana, en la puede organizar, según su criterio de clasificación técnica, los miles de objetos arqueológicos preciosos”.

Anuncio realizado por las autoridades del Ecuador, con planes para el restablecimiento, de la desaparecida Colección Crespi. Fecha estimada 2020

Anuncio realizado por las autoridades del Ecuador, con planes para el restablecimiento, de la desaparecida Colección Crespi. Fecha estimada 2020. Cortesía: twitter.com/inpcecuador

Como vemos existía un interés genuino en aquella colección por parte de las autoridades, o interesados en su conservación. Sin embargo la muerte de Crespi, enterró cualquier intento posterior por continuar las indagaciones sobre el material. Fue muy importante observar como en las últimas décadas aquellos estudiosos que in situ intentaron dar con el paradero de la perdida colección, se topaban con un muro de silencio.

Ni los salesianos, ni las autoridades del Banco Central parecían tener ganas de satisfacer las interrogantes sucedidas tras la partida de Crespi, y posterior desmembramiento de su preciado tesoro. Sólo en los últimos años algunas filtraciones tomaron cuerpo.

En mi búsqueda personal, supe de primera fuente como un cargamento de piezas Crespì, partió del Ecuador, para exhibirse en una muestra europea a inicios del 2000, autorizadas por el Banco Central, poco interesados, según me declara el testigo de confesión en retener ese material. Otros testimonio impactante me hizo partícipe de una historia escalofriante, piezas Crespi utilizadas por los salesianos como material de reparación. Y las historias continúan, pero para no desalentar al lector, diré existe actualmente en marcha un proyecto serio, que busca finalmente la colección sobreviviente recupere su esplendor. Se menciona 2020 como año clave. Quién escribe espera el milagro. Hasta aquí.

Conclusión

Carlos Crespi Croci ¿Héroe o Villano?

Aunque Carlos Crespi Croci es considerado por sus acciones como casi un santo, y celebrado como el hacedor de ese maravilloso museo, que una vez lo tuviera como protagonista, es justo decir su figura se encuentra en revisión dentro de algunos círculos del Ecuador, propulsado por algunos grupos indígenas. Una de las principales acusaciones contra Crespi, es su apropiación de valioso material de la etnia shuar, que con la excusa de una exposición en Turín, Italia, nunca le fuera devuelta. Para entender este malestar tenemos que remontarnos a 1923, cuando Crespi realiza sus primeras incursiones en la selva que tuvieron a las regiones de Méndez, Gualiquiza e Indanza como territorios donde iniciara su tarea evangelizadora.

Durante ese período Crespi hace recolección documental, etnográfica, y fotográfica de las zonas visitadas. El objetivo de este aparente interés, es acumular material para una Exposición Misionera Internacional, que el Vaticano planificara en 1924, con sede en Turín, Italia. Fue allí que se dice Crespi llevó cierto material arqueológico entregado por los shuaras, o quizás engañados, préstamo que jamás regresara a sus legítimos dueños.

Es importante señalar que en Turín, se encuentra una de las sedes salesianas más importantes de la poderosa congregación. Pero existen más informes sobre este punto. Y aquí apelo al aporte realizado por un investigador independiente, Michael Palomino, quién en 2012 narró como un sacerdote salesiano le revelara ante su insistencia por obtener datos de la desaparecida colección Crespi, que su orden había transferido las piezas más preciosas del Museo Crespi a Turín, ya que al Banco Central del Ecuador recibiera en su adquisición, artefactos de menos valor.

En otros puntos de su alocución, Palomino realiza denuncias más explosivas, implicando al entonces alcalde de Cuenca, y hasta al propio Ministerio de Cultura del Ecuador, como cómplices de estas operaciones corruptas. ¿Fue esta la real misión de Carlos Crespi en su estancia ecuatoriana, quién amparado bajo el servicio Vaticano, buscara vestigios de una historia prehistórica americana aún por escribirse? Continuará.

Fotografía que retrata la Exposición Misionera Internacional, llevada a cabo entre 1924-26. Turín, Italia. Aquí la sala indígena, en primer plano, el fundador de la orden salesiana, Don Bosco

Fotografía que retrata la Exposición Misionera Internacional, llevada a cabo entre 1924-26. Turín, Italia. Aquí la sala indígena, en primer plano, el fundador de la orden salesiana, Don Bosco. Cortesía: revistaprocesos.ec

Bibliografía

Libros

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  • Wingate, R. (1980). Lost Outpost of Atlantis. New York, USA: Everest House.

Sites

  • 13thfloor
    the-real-atlantis-the-underwater-world-of-bimini-road.
    http://www.the13thfloor.tv/2017/06/14/the-real-atlantis-the-underwater-world-of-bimini-road/
  • Arqueoweb
    Novillo Verdugo; Vera Cabrera.
    De arqueologías y fantasías: el mito del padre Crespi y su influencia en la “arqueología”. ecuatoriana.
    https://webs.ucm.es/info/arqueoweb/pdf/18/05_NovilloVera.pdf
  • Diario El Tiempo
    Colección Crespi, entre la reserva y el patrimonio.
    https://www.eltiempo.com.ec/noticias/cultura/7/coleccion-crespi-reserva-patrimonio
  • Fotografía Patrimonial
    Colegio Cornelio Marechán
    http://fotografiapatrimonial.gob.ec/web/es/galeria/element/14257
  • Revista Ecuatoriana de Historia
    Pagnotta, C.
    La Exposición Misional Vaticana de 1925, los misioneros salesianos y la representación del Oriente ecuatoriano.
    http://repositorio.uasb.edu.ec/bitstream/10644/6322/1/04-ES-Pagnotta.pdf
  • ONLUS
    P. Carlo Crespi.
    http://carlocrespi.org/don-carlo-missionario-2/
  • Palomino, M.
    Cuenca: padre Crespi
    https://www.am-sur.com/am-sur/ecuador/Cuenca/padre-Crespi-cronologia-ESP.html
  • We Are the Mutants
    Roberts, K. Everything-is-wrong-a-history-of-the-bermuda-triangle-legend.
    https://wearethemutants.com/2016/12/05/everything-is-wrong-a-history-of-the-bermuda-triangle-legend/

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Débora Goldstern

Débora Goldstern

Autor

Bibliotecaria de Profesión, natural de Buenos Aires, Argentina. Presta servicios en la Universidad Abierta Interamericana desde hace 16 años. Además es escritora e investigadora, dedicándose al estudio de las civilizaciones andinas desaparecidas por más de 20 años. Ha participado como consultora de la revista Ufo Brasil, ha sido expositora en diversos congresos y es regularmente convocada por programas de radio, tv, documentales, films y canales de Internet. Ha publicado dos libros: «Secretos subterráneos de los mundos olvidados - Cueva de los Tayos» y «Tierra Hueca». Débora es colabora permanente en CodigoOculto.com desde Diciembre de 2018.

2 Comentarios

  1. Rafael Lema

    Excelente trabajo de investigación, la felicito. Existe la tesis de la conspiracion del Vaticano en el incendio del museo, incluso de la CIA. En el año de 1971 vino al Ecuador otra expedicion comandada por Sir Stanley Hall y Mr. Armstrong astronauta que viajo a la Luna, ellos se llevaron cofres llenos de tesoros de la Cuevas, aqui tambien se dice que hubo conspiracion de Los Mormones pues Armstrong pertenecia a esta religion, en cuanto a Sir Stanley Hall parece que pertenecia a la Masoneria Inglesa

    Responder
    • Débora

      Muchas gracias Rafael por sus palabras. Ya muy pronto voy a presentar un artículo sobre la expedición del 76. Saludos desde Argentina.

      Responder

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