“Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”, la nefasta cita de Oppenheimer
Publicado el 22 Jul 2023
© Imagen: depositphotos.com

Cuando Robert Oppenheimer presenciaba la primera detonación de un arma nuclear, el día 16 de julio de 1945, una ancestral escritura hindú pasó por su mente: “Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”. Se trata de la línea más conocida del Bhagavad-Gita, pero también es la más incomprendida. Su significado es más complejo de lo que muchos creen.

Oppenheimer murió con sesenta y dos años en Princeton, Nueva Jersey, el 18 de febrero de 1967. Como jefe durante la guerra del Laboratorio de Los Álamos, el lugar de nacimiento del Proyecto Manhattan, se le considera, con razón, el padre de la bomba atómica.

Oppenheimer recordó más tarde:

“Sabíamos que el mundo no sería el mismo. Algunas personas se rieron, algunas lloraron, la mayoría guardó silencio”.

Oppenheimer, al observar la bola de fuego de la prueba nuclear Trinity, miró hacia el hinduismo. Si bien nunca se convirtió en hindú en el sentido devocional, Oppenheimer encontró en él una filosofía útil para estructurar su vida.

El interés de Oppenheimer en el hinduismo era más que una cita, era una forma de dar sentido a sus acciones.

El físico Robert Oppenheimer

El físico Robert Oppenheimer.

El tiempo que todo lo destruye

El Bhagavad-Gita es un texto sagrado hinduista de 700 versos, escrito en sánscrito, que se centra en un diálogo entre un gran príncipe guerrero llamado Arjuna y su auriga, el Señor Krishna, una encarnación de Vishnu. Al enfrentarse a un ejército contrario que contiene a sus amigos y parientes, Arjuna está desgarrado. Pero Krishna le enseña acerca de una filosofía superior que le permitirá llevar a cabo sus deberes como guerrero, independientemente de sus preocupaciones personales. Esto se conoce como el dharma, o deber sagrado. Es una de las cuatro lecciones clave del Bhagavad-Gita: deseo o lujuria, poder, el deseo de rectitud o dharma, y el estado final de liberación total, o moksha.

Buscando su consejo, Arjuna le pide a Krishna que le revele su forma universal. Krishna obedece, y en el verso doce del Gita se manifiesta como un ser sublime y aterrador de muchas bocas y ojos. Es este momento el que entró en la mente de Oppenheimer en julio de 1945.

Así fue como tradujo Oppenheimer ese momento en el desierto de Nuevo México:

“Si el resplandor de mil soles estallara de una vez en el cielo, sería como el esplendor del poderoso”.

En el hinduismo, que tiene un concepto no lineal del tiempo, el gran dios no solo está involucrado en la creación, sino también en la disolución. En el verso treinta y dos, Krishna menciona la línea que Oppenheimer trajo a la atención de todo el mundo.

“La cita ‘Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos’ es literalmente el tiempo que destruye el mundo”, explica el reverendo Dr. Stephen Thompson, quien tiene un doctorado en gramática sánscrita, explica Thompson, y agrega que el maestro de sánscrito de Oppenheimer eligió traducir “tiempo que destruye el mundo” como “muerte”, una interpretación común. Su significado es simple: independientemente de lo que haga Arjuna, todo está en manos de lo divino.

Que no nacemos y no morimos. Que la muerte es una ilusión

“Arjuna es un soldado, tiene el deber de luchar. Krishna, no Arjuna, determinará quién vive y quién muere y Arjuna no debe llorar ni regocijarse por lo que el destino le depare, sino que debe estar sublimemente desapegado de tales resultados”, refiere Thompson. “Y, en última instancia, lo más importante es que debe ser devoto de Krishna. Su fe salvará el alma de Arjuna”. Pero Oppenheimer, aparentemente, nunca pudo lograr esta paz. “En una especie de sentido crudo que ninguna vulgaridad, ningún humor, ninguna exageración puede extinguir por completo”, expresó dos años después de la explosión de Trinity, “los físicos han conocido el pecado; y este es un conocimiento que no pueden perder”.

La bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, el 6 y 9 de agosto de 1945: "El Sol se hizo pedazos y cayó", describió uno de los sobrevivientes el aterrador instante de la explosión

La bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, el 6 y 9 de agosto de 1945: “El Sol se hizo pedazos y cayó”, describió uno de los sobrevivientes el aterrador instante de la explosión. Crédito de imagen: U.S. Air Force / REUTERS

La bomba atómica en la cabeza

“Él no parece creer que el alma es eterna, mientras que Arjuna sí”, destaca Thompson. “El cuarto argumento en el Gita es que la muerte es una ilusión, que no nacemos y no morimos. Esa es realmente la filosofía: que solo hay una conciencia y que toda la creación es una obra maravillosa”. Oppenheimer, se puede inferir, nunca creyó que las personas asesinadas en Hiroshima y Nagasaki no sufrirían. Si bien llevó a cabo su trabajo con diligencia, nunca pudo aceptar que esto podría liberarlo del ciclo de la vida y la muerte. En un marcado contraste, Arjuna se da cuenta de su error y decide unirse a la batalla.

“Krishna está diciendo que simplemente tienes que cumplir con tu deber como guerrero”, explica Thompson. “Si fueras un sacerdote no tendrías que hacer esto, pero eres un guerrero y tienes que hacerlo. En el esquema más amplio de las cosas, presumiblemente La bomba representó el camino de la batalla contra las fuerzas del mal, que fueron personificadas por las fuerzas del fascismo”.

Para Arjuna, puede haber sido relativamente fácil ser indiferente a la guerra porque creía que las almas de sus oponentes vivirían a pesar de todo. Pero Oppenheimer sintió agudamente las consecuencias de la bomba atómica. “No tenía la confianza de que la destrucción, en última instancia, era una ilusión”, aclara Thompson. La aparente incapacidad de Oppenheimer para aceptar la idea de un alma inmortal siempre pesaría mucho en su mente.

Oppenheimer y el Proyecto Manhattan

Oppenheimer fue profesor de la Universidad de California, en 1942 fue reclutado por un general para que formara parte del Proyecto Manhattan, el cual tenía como objetivo principal crear un arma letal como lo fue la bomba atómica.

En ese proyecto, Oppenheimer lideraba a científicos, ingenieros, militares quienes trabajaban en el Laboratorio Nacional de Los Álamos.

Las mentes brillantes lograron el objetivo del proyecto Manhattan y los días 6 y 9 de agosto de 1945, el mundo sería testigo del peor escenario para Japón. Las bombas atómicas llamadas “Little Boy” y “Fat Man” estallaron en Hiroshima y Nagasaki dejando a su paso miles de muertes y un panorama tan desalentador como arrasador.

[Fuente: wired]

Crédito imagen de portada: depositphotos.com

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