Gengis Kan: Origen, Historia, Conquista y Legado
Publicado el 16 Mar 2021
© Imagen: Artstation / @Thahn Tuan)

Los ejércitos mongoles liderados por Gengis Kan protagonizaron una de las expansiones militares más importantes de la historia. Conquistaron buena parte del norte de China y destruyeron el imperio musulmán de Juarezm, situado en Asia Central. En poco tiempo los sucesores del conquistador mongol amenazaban países tan distantes entre sí como Hungría, Egipto y Japón.

A finales del siglo XII, con Europa sumida en una era oscura, existían dos culturas que marcaban una etapa de la civilización humana. Los estados islámicos de Persia y Asia Central y hacia el este un trío de reinos fabulosos en China. Entre ellos se extienden vastas e inhóspitas llanuras donde las tribus nómadas como los Tártaros los Mongoles y otras que sobreviven como pueden.

A pesar de ser dos tribus tan similares en estilo de vida y creencias, los tártaros revivían un viejo conflicto con los mongoles. Ambos grupos se encontraban enfrentados por antiguas rivalidades y un ciclo interminable de traiciones y venganzas. Los chinos usaban a los tártaros para atacar a otras tribus nómadas que se habían hecho demasiado fuertes o amenazantes. Sabían que los pueblos de las estepas no les molestarían mientras estuvieran ocupados entre ellos. El curso de la historia cambiaría cuando surge un gran conquistador mongol: Gengis Khan.

El Nacimiento del Caudillo

Yesugei había sido elegido jefe de los kiutes, un grupo de tribus del suroeste del lago Baikal. Al volver de una batalla contra los tártaros, el líder se encontró con que su favorita, Oelon-Eke, le había dado un heredero al que llamaron Temujin. El chamán del clan pronosticó que el niño sería un famoso guerrero por una mancha que tenía encarnada en la muñeca.

Lago Baikal

Cortesía: freeworldmaps.net

Cuando tenía sólo nueve años, Temujin sufrió un grave revés cuando su padre murió envenenado por los tártaros. Cuatro años después, la ruina llegó a su familia cuando las tribus que había unido su padre Yesugei empezaron a desertar porque se negaban prestar obediencia a una mujer y a un adolescente. Repentinamente, Oelon-Eke quedó sola con sus hijos en medio de la estepa. Tenían que reunir ellos mismos el mermado rebaño que les quedaba, y comer pescado y raíces en lugar de la dieta habitual de carnero y leche de yegua.

La situación empeoró cuando la familia fue atacada por Tartugai, el jefe de la tribu de los taieschutos, quien le condujo a su campamento atado a un pesado yugo de madera y vendado por las muñecas para ser vendido como esclavo. Un noche, Temujin pudo liberarse tras derribar a su guardián para aplastarle el cráneo con el yugo y se escondió en el cauce seco hasta el amanecer. Después de que un cazador errante lo liberara del yugo y lo ocultara durante un tiempo prudente, Temujin pudo regresar a su campamento. Esta hazaña lo hizo conocido entre los demás clanes y atrajo la admiración de los jóvenes mongoles que llegaron de todas partes para unirse a él.

El Ascenso Imparable

La vida de Gengis Kan transcurrió en una serie ininterrumpida de batallas victoriosas. La primera batalla fue contra los merkitas, en castigo por haber raptado a Burte, su mujer, y el éxito se lo debió a la ayuda que le brindó el pueblo turco mongol de los keraitos, que estaba conformado por muchos cristianos nestorianos y musulmanes. Toghrul, el jefe de los keraitos, dispuso de una numerosa tropa para atacar a los merkitas, y trescientos hombres fueron ejecutados y las mujeres fueron convertidas en esclavas como resultado de la expedición.

Gengis Kan

Cortesía: abc.es

Después de la victoria sobre los merkitas, tribus enteras se unieron al futuro Gengis Kan y su campamento crecía día a día. Este crecimiento le permitió forjar planes más ambiciosos como el de hacer la guerra a Tartugai. En 1188 logró reunir un ejército de 13.000 hombres para enfrentarse a los 30.000 guerreros de Tartugai. Aún en desventaja numérica, los derrotó cómodamente dejando una huella de lo que sería su destino: luchar siempre contra enemigos muy superiores en número y vencerlos. Esta victoria le permitió establecerse nuevamente en los territorios de su familia, cerca del río Onón, y todas las tribus que le habían abandonado tras la muerte de su padre volvieron a unirse, reconociéndolo como único jefe legítimo.

La Elección del Kan

Durante el año 1196, los mongoles vieron que había llegado el momento de elegir un nuevo rey entre los jefes de los campamentos. Nadie se opuso cuando el chamán declaró que Temujin estaba destinado para el cargo por ser el Hijo del Cielo y la elección del nuevo kan fue celebrada unánimemente. Aún con 28 años, Temujin se preocupó por la prioridad de fortalecer a su propia tribu, de formar un gran ejército y también de estar siempre informado sobre las otras tribus dominadas.

En 1202 logró unificar a todas las tribus mongoles para aplastar a los tártaros, que habían asesinado a su padre unos cuarenta años antes. Previamente, el conquistador mongol impartió una rotunda orden a sus tropas:

“Si vencemos, que ninguno tome botín en ese momento, pues ya será repartido más tarde; y si tenemos que retirarnos, tornemos al lugar de donde hayamos partido y, formados otra vez, volvamos a atacar con brío. Todo aquel que no vuelva a la formación será decapitado”.

Gengis Kan y su ejército

Cortesía: elartedelaestrategia.com

De esta manera borró la imagen de los ejércitos nómadas, que tras ganar una batalla muchas veces veían escapar al enemigo mientras los guerreros victoriosos se detenían a saquear el campamento contrario.

El emperador chino, enemigo acérrimo de los tártaros, le concedió en recompensa el título de Tschaochuri, plenipotenciario entre los rebeldes de la frontera. Por otra parte, su alianza con el kan de los keraitos le daba cada vez mayor poder. Los pueblos que no se le sometían eran desterrados y sus propiedades repartidas entre los vencedores.

Retrato de Gengis Kan

Retrato de Gengis Kan, caracterizado al estilo chino. Cortesía: abc.es

La Traición de un Aliado

Los castigos por falta de disciplina en las tropas eran frecuentemente colectivos. Si algún soldado de una unidad de diez hombres (arban) huía en plena batalla, era ejecutado con sus compañeros. Y si era todo un arban el que huía, entonces era ajusticiada la unidad de cien soldados (yaghun) a la que pertenecía.

Existe una discrepancia entre quienes sostienen que los planes expansionistas de Gengis Kan no tenían límites, cuando atacó a sus antiguos aliados, los keraitos. Con el apoyo de las tribus del este, atacó al ejército de Toghrul por sorpresa y aniquiló a quienes tantas veces le había ayudado.

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Otra versión asegura que la confrontación con Toghrul Kan, se debió a que en su vejez se dejó influenciar por uno de sus hijos y otros advenedizos para atacar a traición a Temujin, quien siempre se mostró respetuoso hacia su «padre adoptivo». Derrotado y arrastrado a los confines del imperio que estaba en ciernes, Genghis Khan ideó una estrategia, enviando a dos hombres de su confianza, cansados y hambrientos por los rigores del viaje, a anunciar a su enemigo que los mongoles se rendían ante los keraitos. El confiado ejército de Toghrul Kan, que se disponía a recibir con festejos los restos del ejército de Temudschin, fue atacado por Genghis Khan y sus jinetes tras una cabalgada que se extendió día y noche. El señor de los keraitos se vio obligado a huir, mientras divisiones enteras de su ejército se cambiaban de bando para salvar la vida.

Tropas de Gengis Kan

Cortesía: mysteryscience.net

Al año siguiente fue contra contra los naimanos, turcos de Mongolia occidental que vivían en las montañas de Altai. Pero en esta oportunidad el jefe mongol mostró una magnanimidad poco habitual en él, favoreciendo el intercambio entre ambos pueblos para conseguir que el suyo asimilara la cultura superior de los vencidos. Pero esto fue una excepción ya que Gengis Kan era conocido por ser un guerrero despiadado y cruel, acostumbrado a las ejecuciones colectivas y a la destrucción de los territorios conquistados. Temujin era también despiadado con su propia gente y mataba a cuantos pretendían compartir con él el poder o simplemente le desobedecían.

Los mongoles destacaron por su gran capacidad de adaptación, demostrando una admirable predisposición para improvisar nuevas estrategias cuando enfrentaban situaciones desconocidas. Esta actitud quedó demostrada durante la guerra de asedio, el gran talón de Aquiles de muchos de los ejércitos nómadas.

Tras la caída del reino de los keratios y la anexión posterior de los países de los naimanos y los ongutas, dejaron al Kan como amo y señor de todos los territorios al norte de China. Este reino de 15.000 kilómetros de este a oeste estaba integrado por 31 pueblos con más de dos millones de hombres fieles. Para cuando los chinos se dieron cuenta de la amenaza, era demasiado tarde: ya no quedaban tribus que sobornar para enfrentarse al poder de Genghis Kan.

Ruta de conquista de Gengis Kan

Cortesía: sobrehistoria.com

La Invasión a China

En el 1206, El Emperador chino, el Tschang-tsung, estaba informado que un líder mongol proclamado como enviado del cielo, había logrado unificar a 400.000 jinetes. Sin embargo, hizo muy poco para reforzar sus defensas. El Emperador era demasiado viejo y estaba confiado confiaba en que el desierto de Gobi, la frontera y la Gran Muralla China serían suficientes para protegerlos, además, al haberse nombrado formalmente a Genghis Kan como un funcionario chino, lo consideraba mas bien como un protector de la frontera.

Muralla China

Muralla China. (WIkimedia Commons)

Lo que no sabía el Emperador es que el caudillo mongol tenía en sus planes conquistar el mundo entero, incluida China, que en el siglo XII se encontraba dividida en cuatro reinos. Gengis Kan se preparó para la guerra reformando sus leyes, reestructurando la sociedad tribal de los mongoles y estableciendo en el nuevo imperio un estricto código de conducta, donde el robo de ganado se pagaba con la muerte y la guerra lo dictaba todo. Todo hombre desde los 15 a los 60 años se consideraban como disponibles para servir en la lucha, mientras que a las mujeres se les otorgó derechos inéditos en Asia para administrar el patrimonio familiar y contribuir a su manera a las futuras campañas.

En la primavera de 1211, el Khan reunió a todos los hombres en condiciones de empuñar un arma para dirigirse hacia el Imperio Chin. Con su ejército de avanzada lanzó un exitoso ataque de distracción mientras que el ejército principal cruzó el desierto y bordeó la Gran Muralla china sin perder un solo hombre. La principal construcción defensiva de China mostró que había quedado obsoleta ante una estrategia novedosa. En la primera batalla entre chinos y mongoles, el mejor ejército del Emperador fue aplastado, cuyas apretadas filas de guerreros cayeron ante una lluvia de flechas de los mongoles sin darles tiempo de recargar. La provincia de Tschi-li, una de las doce que formaban ese imperio, fue tomado por los nómadas sin casi sin sufrir pérdidas.

Campaña de Gengis Kan

(WIkimedia Commons)

Los chinos confiaban que los imponentes muros de Pekín eran inexpugnables y la resistencia de la ciudad dependía de la incapacidad de los mongoles para lograr un asedio efectivo. También estaban convencidos que la intención de los invasores era una simple campaña de pillaje. Los chinos no conocían a su rival porque Gengis Kan no era un nómada cualquiera.

Consciente de que no tenía los medios para atacar Pekín, el líder mongol aprovechó las tensiones entre los distintos reinos chinos para hacerse fuerte. Chitán, que era el país de origen de la dinastía de los Liao, habían reinado en buena parte de China. Ellos habían enseñado a los mongoles el arte del asedio y les permitieron tomar una a una las ciudades de la provincia de Tschi-li. Con respecto a las batallas campales, el otrora Temujin se impuso en reiteradas luchas y únicamente tuvo un tropiezo cuando cerca de Pekín fue atacado por sorpresa por el eunuco Hu-scha-hu. Pero después de ese día, el aura de imbatible acompañó al mongol y a sus generales.

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Gengis Khan se mostró inmisericorde durante su avance por China. Asoló por completo ciudades, convirtiendo ricas provincias en desiertos y mataba sin dudar a todo ser viviente que no le fuera de utilidad. Sólo dejaba vivir a los artesanos, mujeres y esclavos robustos. Los cronistas persas narran que acostumbraba a hervir con vida a sus enemigos y que con el cráneo de uno de sus rivales confeccionó una copa engarzada en plata que llamaba «la Ira de Kan».

La caída del gigante

Tres años después de su primera invasión, Genghis Khan firmó una tregua con Chin en 1214. Pekín era una isla fortificada en un mar de tierras mongoles. Su repliegue a las estepas solo se debió a la necesidad de rearmarse para atacar Pekín en condiciones, porque le preocupaba tanto conquistar la capital como el lograr autoridad para mantener bajo su control a 50 millones de chinos. Aún así, la paz solo duró unos meses y, cuando el Emperador chin reanudó la lucha, Genghis y sus tropas cercaron la capital y rechazaron, uno a uno, los ejércitos de socorro enviados desde el sur. El general encargado de la defensa de la ciudad, Wan-yen, escribió en 1215 una carta a su Emperador para disculparse y despedirse de sus familiares y se suicidó con veneno. Poco después, la ciudad era saqueada por los mongoles. Se estima que, para someter todo el territorio, los nómadas causaron diez millones de muertos en cuarenta años de guerra con China. No en vano, los cerca de 40 millones de supervivientes, vivieron bajo el dominio de los mongoles una auténtica edad de oro para su civilización. Yeliu-Tschutsai, astrólogo y mago de la raza de los Liao al servicio de Kan, trazó las bases de una administración efectiva, una justicia homogénea que reglamentaba los pesos y medidas, limitaba el poder de los gobernantes legales y, como consecuencia, los comerciantes asiáticos y europeos pudieron mover sus mercancías de Corea a Bulgaria sin sufrir ataques.

Campañas de Gengis Kan

(Wikimedia Commons)

¿Por qué su ejército era indestructible?

El poderío de Gengis Kan radicaba en los jinetes y los caballos tártaros. Los primeros eran capaces de permanecer cabalgando un día y una noche enteros, dormían sobre la nieve si era necesario y avanzaban con igual ímpetu tanto cuando comían como cuando no probaban bocado. Los caballos podían pasar hasta tres días sin agua y sabían encontrar alimento en los lugares más inverosímiles. Por otro lado, Gengis Kan protegió a sus soldados con una coraza de cuero endurecido y barnizado y de dos arcos, uno para disparar a pleno galope y otro más pesado, que lanzaba flechas de acero, para combates a corta distancia. Llevaban también una ración de cuajada seca, cuerdas de repuesto para los arcos, cera y aguja para las reparaciones de urgencia. Todo este equipo lo guardaban en una bolsa de cuero que les servía como flotador para atravesar los ríos.

La táctica desplegada era siempre un modelo de precisión. Disponía a sus tropas en cinco órdenes, con las unidades separadas por anchos espacios. Delante iban las tropas de choque, muy bien equipadas con sables, lanzas y mazas. Los arqueros montados estaban en la retaguardia. Éstos avanzaban al galope por los espacios que quedaban entre las unidades más adelantadas, disparando una lluvia de flechas. Cuando llegaban cerca del enemigo desmontaban, utilizaban los arcos más pesados y soltaban una granizada de flechas con punta de acero. Después entraban en acción las tropas de asalto. En comparación con la legión romana y la falange macedónica, la caballería tártara se erigió en ejemplo del arte militar.

Guerras de Gengis Kan

(Wikimedia Commons)


La Estrategia en el campo de batalla

Pero Gengis Kan supo también ganar más de una batalla sin enviar ni un solo soldado al frente, valiéndose únicamente de la fama que le precedía. Los mercaderes de las caravanas formaban su quinta columna, pues por medio de ellos contrataba los servicios de agentes en los territorios que proyectaba invadir. De esa manera lograba conseguir información al detalle la situación política del país enemigo, sabía cuáles eran las facciones descontentas con los reyes y se las ingeniaba para provocar guerras internas. También se servía de la propaganda para sembrar el terror, recordando a sus enemigos los horrores que había desencadenado en las naciones que se atrevieron a enfrentarlo. Su advertencia era clara: Someterse o perecer.

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Si una ciudad le oponía resistencia, la arrasaba y mataba a todos sus habitantes. Al continuar la marcha con su ejército, dejaba a un puñado de sus soldados y a unos cuantos prisioneros ocultos entre las ruinas. Los soldados los obligaban después a anunciar en voz alta la retirada del enemigo para hacer salir a los demás sobrevivientes de sus escondites.  Cuando los contados supervivientes se aventuraban a salir hallaban la muerte. Finalmente, para evitar que ninguno simulara estar muerto, se cortaban las cabezas. Hubo ciudades en que fueron ejecutadas medio millón de personas.

Campañas de guerra de Gengis Kan

Batalla del rio Kalka (1.223), mongoles luchando cuerpo a cuerpo con los rusos. (Wikimedia Commons)

La Herencia de un Imperio

En 1227, Gengis Kan emprendió la marcha para invadir el reino de tangut en China. Pero a pesar de no sufrir alguna enfermedad, sintió que el final de su vida estaba cerca y reunió a sus hijos para repartir los territorios de su vasto imperio.

Estatua de Gengis Kan

(Wikimedia Commons)

Gengis Kan murió el 18 de agosto de 1227, antes de lograr la rendición china. Ordenó no divulgar la noticia de su muerte hasta que todas las guarniciones llegaran a su destino y todos los príncipes se encontraran en sus campamentos. La ubicación de su tumba es hasta ahora un misterio. Tras cuarenta años de haber sido el centro del mundo asiático, las tribus mongoles se transformaron en un pueblo disciplinado con talentosos generales y estrategas muy preparados. Tras su muerte, el rodillo mongol siguió aplastando otras naciones. Sus sucesores penetraron aún más en Europa y derrotaron a húngaros, polacos y alemanes. Después, el imperio decayó hasta desaparecer. En la actualidad, los mongoles son un grupo insignificante de tribus nómadas, y hasta Karakorum, la capital del gran imperio yace sepultada en la memoria de su gente.

Bibliografía:

Sitios web:

  • Gengis Kan, el carismático conquistador mongol
    https://historia.nationalgeographic.com.es/a/gengis-kan-carismatico-conquistador-mongol_9161/
  • Por qué nunca nadie ha podido encontrar la tumba de Gengis Kan
    https://www.bbc.com/mundo/vert-tra-40785479/
  • El manual de guerra de Gengis Kan
    https://www.lavanguardia.com/historiayvida/edad-media/20191205/472053246937/gengis-kan-estrategia-militar.html
  • La terrible venganza de Genghis Khan contra China
    https://www.abc.es/historia/abci-terrible-venganza-genghis-khan-contra-china-guerrero-odiaba-forma-obsesiva-ciudades-201809130208_noticia.html
  • Gengis-Khan y sus conquistas
    https://www.artehistoria.com/es/contexto/gengis-khan-y-sus-conquistas/
  • El Conquistador del Mundo. Vida de Gengis Kan
    https://metahistoria.com/novedades/vida-de-gengis-kan/
  • Genghis Khan, el asesino verde
    https://naukas.com/2011/01/30/genghis-khan-el-asesino-verde/
  • Genghis Khan
    https://www.viaje-a-china.com/cultura/genghis-khan.htm

Artículo escrito por: Pedro Noguchi, colaborador de CodigoOculto.com

Pedro Noguchi

Pedro Noguchi

Autor

Pedro Noguchi es comunicador audiovisual con estudios en electrónica y fotografía, conductor del programa «Paradigma 0» (http://bit.ly/2vHBf4Z). Como fundador del grupo de investigación Dharma Paranormal de Perú, tiene el objetivo de difundir los nuevos aportes en la investigación de las manifestaciones metafísicas, bajo un enfoque que integre la experimentación con las teorías espirituales. Pedro Noguchi es colaborador permanente en CodigoOculto.com desde Marzo de 2019.

2 Comentarios

  1. Delfino Angulo Flores

    La Humanidad por lo general recuerda a los grandes asesinos y conquistadores como Gengis Kan, Alejandro Magno, Nabucodonosor, Julio César, Hitler, etc., y olvida las labores anónimas y sacrificadas que realizaron algunos genios como Galileo Galilei, Hipatia de alejandría, Mozart, Nikola Tesla, el mismo Jesús, solo por citar unos cuantos, quienes fueron torturados, ejecutados o encarcelados por los poderes religiosos y políticos de su época, llegando a morir algunos en la pobreza mas extrema; sin embargo, actualmente la turba ignorante y dormida, goza de todos sus grandes descubrimientos.

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