Tardígrados, los inmortales de la naturaleza, esos pequeñines que resisten casi todo, poseen una armadura de ADN, y nuevos estudios podrían descubrir cómo realmente funciona.

La radiación que destruiría el ADN dentro de nuestras propias células no es rival para uno de los más duros microorganismos conocido como tardígrado, y ahora los investigadores están empezando a comprender porque estas pequeñas criaturas son tan duras.

Su protección funciona en parte debido al blindaje proporcionado por una proteína especial de «supresión de daños» llamada Dsup. Exactamente cómo esta armadura molecular proporciona protección no es tan claro; ahora, un modelo computarizado de la proteína que interactúa con el ADN podría proporcionar un punto de partida.

Los tardígrados, conocidos cariñosamente como «osos de agua» o incluso «lechones musgosos», son un tipo de animales parecidos a gusanos famosos por su robusta fisiología. Son unos sobrevivientes, resisten altas y bajas temperaturas, e incluso pueden vivir en el espacio.

Conocemos el potencial de Dsup para proteger el ADN desde hace algunos años, después de haberlo puesto a prueba en una variedad de experimentos.

Introducida en un cultivo de células humanas, por ejemplo, la proteína reduce la destrucción causada por una dosis de rayos X en aproximadamente el 40 por ciento. También parece hacer un trabajo más que adecuado para proteger el ADN contra los efectos corrosivos de los radicales hidroxilo.

De alguna manera, al adherirse a las hebras de ácido nucleico, la proteína desvía o absorbe elementos desagradables que de otro modo se desperdiciarían en la célula viva.

La investigación

En busca de más pistas, un equipo de investigadores del Centre for Plant Biotechnology and Genomics de la Polytechnic University of Madrid ha utilizado secuencias genéticas del tardígrado Ramazzottius varieornatus para predecir la disposición de los componentes de aminoácidos de Dsup.

Tardígrados poseen una armadura de ADN y ahora empezamos a entender cómo funciona
Representación de un tardígrado. (Wikimedia Commons)

Para compararlo, también desarrollaron un modelo similar para otra proteína que era relativamente similar a Dsup, una que se encuentra en una segunda especie tardígrada llamada Hypsibius Exelaris.

A partir de ahí, fue cuestión de combinar digitalmente cada proteína con un modelo de ADN y comparar los complejos resultantes con componentes individuales que se sientan por sí mismos.

Armadura genética

Los resultados revelaron que secciones particularmente desordenadas de la proteína Dsup podrían doblarse para adaptarse a la estructura del ADN, adaptando su forma para encajar sobre una secuencia subyacente, como una armadura molecular.

Los investigadores escribieron en su informe:

“Nuestros resultados sugieren que la proteína está intrínsecamente desordenada, lo que permite a Dsup ajustar su estructura para adaptarse a la forma del ADN”.

Este grado único de desorden y flexibilidad implica que hay algo en las interacciones electrostáticas entre las dos moléculas que le proporciona su asombroso talento protector.

Tardígrados poseen una armadura de ADN y ahora empezamos a entender cómo funciona
Vista de un tardígrado. (Wikimedia Commons)

No es descabellado imaginar que la proteína podría actuar como una especie de exoesqueleto genético, protegiendo y apoyando al mismo tiempo.

Cualquier detalle sobre cómo la radiación afecta a la proteína a nivel físico deberá resolverse en experimentos futuros, pero la naturaleza desordenada de Dsup y su capacidad para deformarse en una conformación protectora ya es una pieza importante del rompecabezas.

Si alguna vez vamos a lidiar con los peligros de los viajes espaciales, es posible que deseemos un truco o dos en la manga cuando se trata de hacer frente a altas dosis de radiación.

Los hallazgos de la investigación han sido publicados en Scientific Reports.

Fuente: sciencealert

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