En la vasta obra de Isaac Asimov (1920-1992), uno de los autores más influyentes de la ciencia ficción del siglo XX, hay un relato corto que destaca por encima de muchos otros: “La última pregunta”. Publicado por primera vez en noviembre de 1956 en la revista Science Fiction Quarterly, Asimov lo consideraba su mejor historia corta, incluso por encima de otras aclamadas como El hombre bicentenario. Cuidado, que vienen spoilers.
Un universo que envejece… y pregunta
El punto de partida del cuento es simple y elegante: la humanidad y sus máquinas —desde computadoras gigantes hasta entidades posthumanas— se enfrentan a una pregunta fundamental: ¿se puede revertir la entropía? La entropía, según la Segunda Ley de la Termodinámica, es una medida del desorden del universo, y su aumento inevitable conlleva la progresiva “muerte térmica” del cosmos, en la que toda energía útil se agota.
La historia arranca en el año 2061, cuando dos técnicos celebran que la potente computadora Multivac ha logrado un gran avance energético. Entre risas y cervezas surge la interrogante que se repetirá a lo largo de todo el relato: ¿puede revertirse la entropía? A lo largo de miles de millones de años, sucesivas generaciones de humanos y sus supercomputadores, cada vez más avanzados, formulan la misma pregunta sin obtener una respuesta definitiva.
Listas de máquinas, eones de tiempo
Asimov estructura la historia en episodios separados por enormes distancias temporales. Las computadoras evolucionan desde Multivac hasta Microvac para los viajes interestelares, luego a Galactic AC y finalmente a AC Universal, una entidad que trasciende incluso la materia y la energía en el espacio-tiempo. Con cada salto, los propios seres humanos cambian: se dispersan por galaxias, abandonan el cuerpo físico o se fusionan en conciencias colectivas, mientras la misma pregunta fundamental sigue sin resolverse.
A lo largo de la narrativa, el enigma permanece. Cada vez que se plantea la pregunta sobre la reversión de la entropía, la máquina responde lo mismo: “Aún no hay datos suficientes para una respuesta significativa”.

La pregunta que atraviesa la eternidad: Isaac Asimov y el fin del cosmos. Crédito de imagen: @codigooculto
Un final que es principio
El cierre del cuento es tan memorable como filosófico: cuando el universo ha muerto, sin espacio, tiempo ni criaturas que puedan oírlo, la última conciencia humana se ha fusionado con AC Universal, quien por fin encuentra la respuesta. Pero, como ya no existe nadie con quien compartirla, decide implementarla creando un nuevo cosmos y pronunciando la frase bíblica: “¡Hágase la luz!”.
Este desenlace no solo resuelve el misterio planteado (sí, es posible), sino que transforma la narrativa en algo más que ciencia ficción: evoca temas religiosos y filosóficos clásicos, como la creación cíclica del universo y la idea de que el conocimiento puede trascender incluso la extinción cósmica.
¿Por qué sigue cautivando?
“La última pregunta” explora cuestiones que van mucho más allá de cualquier ficción: ¿puede la inteligencia, humana o artificial, dominar todas las leyes de la física? ¿Qué sentido tiene nuestra búsqueda de respuestas si el universo mismo tiene un final? Además, Asimov logró algo extraordinario: plantear estos cuestionamientos en apenas unas pocas páginas sin perder fuerza narrativa ni profundidad intelectual.
Este cuento no es solo un clásico de la ciencia ficción; es un puente entre la ciencia y la reflexión humana sobre nuestro lugar en el cosmos, así como una invitación a seguir preguntando, incluso cuando la respuesta parece inalcanzable.
Nuestra compañera Sonia Gupta del canal AEnigma2 nos da más detalles en el siguiente video:
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Por: CodigoOculto.com










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