A lo largo de la historia de la humanidad han aparecido algunas personas que por su eminencia en ciertos saberes o por sus notables capacidades visionarias parecieron adelantarse a su tiempo, casi como si les hubiera tocado vivir en una época que no les correspondía.

Algunas de estas figuras destacaron por sus inventos y avances tecnológicos pero otras lo hicieron por sus escritos, en los que demostraban unas ideas impropias para su tiempo que más adelante habrían de materializarse con asombroso acierto.

Uno de estos maravillosos autores que se atrevió a soñar con el futuro que habría de presenciar la humanidad y que con ello realizó algunas predicciones que más adelante habrían de demostrarse ciertas. Él fue el novelista de origen francés Julio Verne.

Retrato fotográfico de Julio Verne. (Public Domain) Wikimedia Commons

¿Visionario?

Y es que a principios del s. XIX con su pluma dibujó escenarios y sobre todo, objetos que en su futuro acabarían por tomar forma aunque él por aquel entonces no lo sabía… ¿o sí? Tal ha sido su grado de acierto en algunas de sus afirmaciones e invenciones que algunos dudan sobre si realmente fue un visionario o si pudo haber sido poseedor de una información privilegiada.

¿Cuáles fueron sus aciertos? Veamos una breve muestra extraída directamente de sus escritos para que el lector decida finalmente si son el resultado de la casualidad, de una mente creativa o de algo más.

Veinte mil Leguas de Viaje Submarino

El primero de los ejemplos se refiere al submarino eléctrico, objeto que aparece descrito en la obra titulada «Veinte mil leguas de viaje submarino» que vio la luz en el año 1869 si bien, no sería hasta pasados 17 años cuando Isaac Peral presentó su prototipo para dicho artilugio.

Cartel de la película de 1916 basada en una de las obras más famosas de este autor. (Public Domain) Wikimedia Commons

El capitán Nemo guardó silencio durante algunos instantes y luego dijo:

-Existe un agente poderoso, obediente, rápido, fácil, que se pliega a todos los usos y que reina a bordo de mi barco como dueño y señor. Todo se hace aquí por su mediación. Me alumbra, me calienta y es el alma de mis aparatos mecánicos. Ese agente es la electricidad.

-¡La electricidad! -exclamé bastante sorprendido.

Veinte mil leguas de viaje submarino. Capítulo XII

El Castillo de los Cárpatos

En otra de sus obras de título «El castillo de los Cárpatos» que fue publicada en 1892, este prolífico autor describe un ingenioso artilugio que adaptado a la tecnología de la época, parece corresponderse con lo que hoy serían los modernos hologramas. Verne detalla un complejo sistema de espejos y una voz que se reproduce en bucle para crear un espejismo por el que engañar a uno de los personajes de la novela para que creyera ver a su amada ante él.

Por medio de espejos inclinados, que seguían un ángulo calculado por Orfanik, iluminados por un poderoso foco, aquel retrato, colocado frente a un espejo, hacía aparecer a la Stilla por reflexión, y tan real como cuando gozaba, en plena vida, de todo el esplendor de su belleza. Gracias a este aparato, transportado durante la noche a la terraza del torreón, Rodolfo de Gortz había hecho aparecer a la joven, cuando quiso atraer al conde al castillo; y gracias a este mismo aparato, el joven conde pudo ver a la Stilla en la sala del torreón, mientras su fanático admirador se embriagaba con su voz, reproducida por el fonógrafo”. El castillo de los Cárpatos. Capítulo XVIII

De la Tierra a la Luna

Sin embargo, la obra que más «coincidencias» en este sentido contiene es «De la Tierra a la Luna» publicada en 1865 en donde el brillante escritor imaginó los primeros pasos de la carrera espacial. Algo que según vislumbró, se haría lanzando al hombre en proyectiles.

Fuerza es convenir en que el tal proyectil era una magnífica pieza de metal, un producto metalúrgico que hacía mucho honor al genio industrial de los americanos”. De la Tierra a la Luna. Capítulo XXIII

Fotograma del film «Le Voyage dans la Lune» basado en la mencionada obra. (Public Domain) Wikimedia Commons

En esta obra, también se menciona que la humanidad habría de poner a un can en el espacio, un detalle muy similar a lo que sucedió en 1957 cuando la Unión Soviética mandó a la perrita Laika a orbitar nuestro planeta en el Sputnik 2.

Barbicane, con sus dos compañeros y dos perros que quería llevarse, debía consumir cada veinticuatro horas 2.400 libras de oxígeno, o, a poca diferencia, unas siete libras en peso. Era, pues, preciso renovar el aire del proyectil”. De la Tierra a la Luna. Capítulo XXIII

Más coincidencias

Las sorprendentes coincidencias que se presentan en esta obra para con la realidad componen una extensa lista. No sólo se señala a los Estados Unidos como la nación que habría de alcanzar nuestro vecino satélite sino que en este trabajo el punto elegido para el lanzamiento se emplaza a poca distancia de Cabo Cañaveral conocido por ser utilizado por la NASA para llevar a cabo estas empresas.

Aún hay más, la segunda parte de esta publicación que responde al título de «Alrededor de la Luna» acaba su undécimo capítulo con la palabra «Apolo» un detalle en extremo curioso si tenemos en cuenta que la misión que consiguió materializar el histórico momento en el que el hombre pisó la Luna era precisamente el Apolo 11. Así concluye el capítulo:

—¡Véase —dijo Ardán— cómo tratan los anglosajones del siglo XIX a la rubia Febe, a la amable Isis, a la hechicera Astarté, a la reina de la noche, a la hija de Latona y de Júpiter, a la hermana menor del radiante Apolo!” Alrededor de la Luna. Capítulo XI

La sociedad de la Niebla

Existen muchos más ejemplos repartidos por toda su obra literaria que resultan sorprendentes por su exactitud en la mayoría de los casos pero para poder valorar debemos de tener en cuenta que algunos de los objetos que este autor vislumbró se basaron en bocetos e ideas que, aunque irrealizables por aquel entonces, ya se estaban proponiendo en su época. Y por otro lado, cabe mencionar que si bien no acertó en absolutamente todo lo que dijo, el grado de acierto es remarcable.

La tumba de Julio Verne. Crédito: LepoSs / Wikimedia Commons CC BY-SA 2.0

Algunos señalan a un grupo secreto en el que se incluían varios escritores más conocido como «La sociedad de la Niebla» como la fuente de que Verne obtuviera sus informaciones pero otros simplemente apuntan a que el autor supo rodearse de personas ampliamente conocedoras de los avances tecnológicos que se estaban llevando a cabo en sus días. ¿Fue un visionario o hubo algo más?

Otro interesante pensador que también pareció adelantarse a su tiempo fue Nikola Tesla. En el siguiente vídeo, nuestra compañera Sonia Gupta del canal AEnigma presenta las conclusiones a las llegó el inventor tras plantearse construir el autómata perfecto:

Referencias:

  • Veinte mil leguas de viaje submarino / El castillo de los cárpatos / De la Tierra a la Luna / Alrededor de la Luna / vida del autor /

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