William James Sidis, la persona más inteligente de la historia


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William James Sidis, la persona más inteligente de la historia
William James Sidis. Crédito: Wikimedia commons (Public domain) / Pixabay (Prettysleepy2) / Pixabay (sethink). Edición: Erick Sumoza

Considerado la persona con el IQ más alto de la historia, William James Sidis vivió una vida llena de altos y bajos que nos dejó un legado más anecdótico que palpable… o al menos así nos han hecho creer. Numerosas teorías sugieren que, incluso, fue capaz de construir exitosamente una máquina del tiempo.

A finales del siglo XIX, el éxodo judío proveniente de Rusia a causa de la persecución política y religiosa llegaba en cientos de barcos repletos a las costas de Nueva York. Entre esas personas estaban Boris y Sarah Sidis, que al pisar suelo estadounidense, demostraron estar por encima del promedio.

Rápidamente Boris se creó una reputación de psicólogo pionero en el estudio de la mente humana. Sarah fue una de las primeras mujeres en poseer un título que le permitiera ejercer la medicina en el país.

Pero como eran conocidos por sus mentes superdotadas, también destacaban por su extravagancia. Boris entró a Harvard para formarse más y comenzar a dar cátedra como profesor de psicología además de escribir diferentes tesis en su campo.

Su fascinación por la mente humana y su evolución, la hipnosis o la psicología grupal lo llevó a impulsar métodos extraños, como la «cura del reposo»; práctica donde personas que sufrían trastornos mentales eran aisladas en camas durante meses, tratamiento que combinaban con electroshock.

A pesar de que muchas de las obras de Boris apenas eran experimentales, valieron para ser el punto de partida de un gran avance en la psicología moderna.

El nacimiento de un genio

William James Sidis, la persona más inteligente de la historia
William James Sidis durante su infancia.

Irónicamente William James nació durante un April Fool’s day, en el año 1898. Boris y Sarah vieron en él una oportunidad única de probar sus teorías.

Así empezó una educación estricta que el pequeño cerebro de William absorbió totalmente. Con apenas seis meses de edad, el chico no solo se sabía el abecedario, sino que ya pronunciaba palabras claramente. Cuando alcanzó los ocho meses, sus padres presumían que su hijo sabía comer con cubiertos, además de poder reconocer símbolos como el de «más» o «menos». Algo que los niños alcanzan a los 4 años de edad.

William mostraba una curiosidad anormal por las cosas y sus padres, convencidos de que eso era una cualidad que debía nutrirse, saciaron su sed de información. Con un año de edad, William ya escribía perfectamente y leía la prensa junto a su padre.

A la edad de 5 años, la prensa ya se hacía eco de las habilidades del niño. Ya sabía usar la máquina de escribir y mandaba cartas a jugueterías. También comenzaba a estudiar otras lenguas como el latín, griego, francés, alemán y hebreo.

A los seis años entró a la escuela primaria, pero sus ganas de aprender lo llevaron a saltarse todo el ciclo y en seis meses, estaba en la secundaria. Esto hizo que se convirtiera en portadas de diarios, incluyendo The New York Times.

Boris y Sarah presumían que todo se debía a sus métodos extravagantes, sin embargo, esto aún se encuentra a discusión.

El ascenso de William James Sidis

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William James Sidis en su entrada a Harvard. Crédito: Wikimedia Commons (Public domain)

A los nueve años, y con la secundaria aprobada en su totalidad, intentó inscribirse en Harvard, pero fue rechazado, no por sus méritos académicos, sino por considerarlo «emocionalmente inmaduro» para la universidad.

Durante ese tiempo se lo pasó en el Tufts College (Tufts University) corrigiendo errores de libros de matemáticas o leyendo las teorías de Einstein en busca de algún fallo. Perfeccionó el dominio de lenguas extranjeras y coleccionó billetes de tranvías.

William tuvo que esperar hasta los once años para que Harvard se decidiera aceptarlo y en enero de 1910, una multitud se concentró en una de las salas de prensa para escuchar su discurso. Con la actitud normal de un niño, sorprendió a todos con un léxico que ni estudiantes avanzados comprendían en su totalidad. Su manifiesto de introducción fue el siguiente:

Mi propia definición de la Cuarta Dimensión es que se trata de un espacio euclidiano con una dimensión extra. Es la proyección de las figuras de la Tercera Dimensión en el espacio. Las figuras tridimensionales, como el cubo, son utilizadas como partes de las figuras en la Cuarta Dimensión, y las figuras de la Cuarta Dimensión pueden denominarse configuraciones. Actualmente es imposible construir modelos reales de las figuras de la Cuarta Dimensión, o concebirlas en el ojo de la mente, pero es muy fácil construirlas a través del teorema de Euclides”.

Su presentación llevó a que personalidades del MIT predijeran que sería la mente más importante del siglo XX, lo que incrementó aún más la popularidad del chico, convirtiéndolo en una figura pública.

William Sidis se graduó con honores a los 16 años de edad, dando un discurso que sorprendió a todos: «Quiero vivir una vida perfecta y para ello necesito aislarme. Siempre odié las multitudes».

La trágica vida de un genio

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William James Sidis siendo ya un adulto.

William trabajó dando cátedra de matemáticas en la Universidad de Rice, pero al poco tiempo dimitió, dándose cuenta que su edad y fama distraían a sus alumnos. También dejó Harvard en su búsqueda de una licenciatura de derecho, dándose cuenta que no era lo suyo.

En 1919 su fama le hizo una mala pasada y estuvo en el escarnio público al verse involucrado en una manifestación que finalizó en vandalismo. El juicio reveló las claras tendencias socialistas, comunistas y poco conservadoras de William, como su ateísmo.

No fue a la cárcel gracias a sus padres, sin embargo, ellos mismos lo castigaron, aislándolo por un año en su casa de verano en California.

William volvería a la costa después de ese suceso, intentando alejarse de su fama y los flashes de las cámaras. Adquirió un perfil bajo y se empleó como oficinista y bibliotecario, pero solo fue cuestión de tiempo para que supieran quién era.

Un gran puesto de trabajo se le ofreció en el Eastern Massachusetts Street Railway Company, un sueño para él debido a su afición a los tranvías. Sin embargo, en el primer día le entregaron un montón de planos y estadísticas con la esperanza de mejorar todos sus sistemas.

Llegó a declarar que apenas lo dejaron solo, empezó a llorar, dándose cuenta que debía renunciar el primer día a un trabajo que quizás le hubiese gustado.

William Sidis hizo todo el esfuerzo que pudo para mantenerse oculto durante su adultez; escribió libros con seudónimos, en donde llegó a hablar sobre su «peridromofilia», filia que lleva a las personas a coleccionar todo lo relacionado con tranvías.

Sin embargo, su libro fue vapuleado por la crítica. Siendo considerado, incluso, como «el libro más aburrido jamás escrito». Pero lo llamativo de ello es que William hizo referencia a la materia oscura en sus libros. Un tema que, para ese momento, solo era una simple teoría con muy poco apoyo.

La prensa siguió implacable con él, saliendo a la luz el infame artículo «April Fool» en The New Yorker. En él, destruían a William James, tanto en su vida profesional como privada.

A los 46 años de edad, su vida vería su final cuando sufrió un derrame cerebral en su departamento. William no volvería recuperar el conocimiento, poniendo fin a un prodigio que fácilmente pude ser la mente más brillante de la historia humana.

El posible legado de William James Sidis

William James Sidis, la persona más inteligente de la historia
Imagen referencial de una máquina del tiempo

A pesar de que no existe un registro palpable que demuestre todo lo que se dice sobre William, especialmente por su hermetismo y métodos de registro tan poco prácticos de la época, se dice que tenía un coeficiente intelectual de 300, algo totalmente sobresaliente cuando lo comparamos con mentes como la de Einstein, que solo contaba con un IQ de 160.

También desarrolló un idioma propio, después de haber estudiado hasta 40 lenguas y hablarlos a la perfección. Este fue llamado «vendergood» y después de años de estudios y análisis de lingüistas de todo el mundo, fue considerado como uno sumamente completo y correcto.

Pero sin duda, el legado más importante que pudo habernos dejado es aquel que no se ha podido comprobar. Una teoría bastante abalada, incluso por miembros de la comunidad científica; la creación de una especie de máquina desconocida.

Estos planos no se pudieron descifrar en su totalidad ya que estaban escritos en «vendergood». Muchas personas sugieren que podrían tratarse de una máquina del tiempo.

Lamentablemente, su antisocial forma de ser hizo que William James Sidis se llevara a la tumba el que, posiblemente, haya sido su mejor legado y una puerta mucho más grande para que la ciencia se adentrara en el universo temporal. No existe duda de que fue una mente brillante, pero su propia manera de ser lo llevó a su trágico final.

Referencias: marcianosmx

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Erick Sumoza

Escritor especializado en la investigación de ciencia, tecnología, teorías alternativas e historia oculta. Siempre trabajando por la verdad y en contra de la censura.

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