Por: CodigoOculto.com
En las áridas extensiones del sur de África, dos descubrimientos extraordinarios en 1989 han dejado una huella imborrable en la vasta casuística de los fenómenos inexplicables. Uno de ellos tiene que ver con un objeto plateado en forma de disco que se precipitó en el desierto de Kalahari, y que se asemejaba a un OVNI sacado directamente de la ciencia ficción. El otro se centra en un extraño mecanismo similar a una aeronave desenterrado en la región, incrustado en el suelo y capaz de desafiar la gravedad.
Separados por la geografía pero unidos por el misterio, estos incidentes han alimentado décadas de especulaciones sobre sus orígenes: ¿terrestres o extraterrestres? Este artículo profundiza en los detalles de ambos sucesos, entrelazando relatos de testigos presenciales, hallazgos científicos y documentos filtrados para explorar uno de los capítulos más desconcertantes de la historia del sur de África.
El accidente del Kalahari: un OVNI cae del cielo
La historia comienza el 8 de mayo de 1989 en el remoto desierto de Kalahari, a unos 80 kilómetros de la frontera entre Sudáfrica y Botsuana. Según informes que salieron a la luz más tarde, un objeto volador no identificado surcó el cielo antes de estrellarse en el terreno arenoso en un ángulo pronunciado. El impacto fue catastrófico, abriendo un cráter de 150 metros de ancho y 12 metros de profundidad. La arena circundante, quemada y fundida en una textura vidriosa, fue testigo del intenso calor generado por la colisión. Los testigos describieron el objeto como un disco plateado, de 18 metros de diámetro y 8.5 metros de altura, con un peso estimado de 50 toneladas. Su exterior sin costuras, desprovisto de remaches o sujetadores visibles, y sus 12 ojos de buey ovalados insinuaban un diseño mucho más allá de la ingeniería humana de la época.

Representación de una antigua ciudad en el desierto de Kalahari. Crédito de imagen: GROK – Edición: codigooculto.com
La Fuerza Aérea de Sudáfrica (SAAF) acordonó rápidamente el lugar y clasificó el incidente con el nombre en clave de “Silver Ball” en un documento ultrasecreto que más tarde se filtró al público. El personal militar que examinó los restos se encontró con dificultades inmediatas: todos los equipos de medición fallaron, abrumados por las potentes emisiones magnéticas y radiactivas que emanaban del objeto. El análisis espectral, que según se informa se llevó a cabo en la base aérea de Wright-Patterson en Estados Unidos, reveló que el disco estaba compuesto de magnesio con una estructura cristalina única, una aleación desconocida para la comunidad científica de la Tierra en ese momento. Este hallazgo encendió las teorías de orígenes extraterrestres, lo que sugiere que el objeto podría ser una nave espacial estrellada de otro mundo.
El secreto de la operación se mantuvo celosamente. Al parecer, se obligó a todo el personal implicado a firmar acuerdos de confidencialidad. Sin embargo, un denunciante llamado James Van Groyen, que afirmaba ser un militar infiltrado, desafió estas órdenes. A finales de 1989, proporcionó a los ufólogos británicos una copia del informe de la “Silver Ball”, afirmando que ocultar tal descubrimiento era una traición a la humanidad. Sus acciones tuvieron un alto precio: según los informes, Van Groyen fue ejecutado por las autoridades sudafricanas en febrero de 1990 por filtrar secretos de Estado. A pesar de su destino, la historia se difundió, llegó a Rusia en marzo de 1990 y ganó adeptos entre los entusiastas de los OVNIs de todo el mundo. Algunos oficiales de inteligencia sudafricanos incluso corroboraron la historia, ofreciendo fotografías como prueba, aunque las negaciones oficiales persisten hasta el día de hoy.
Un vistazo más de cerca: diseño intrincado y características inusuales
Apenas unos meses después del incidente de Kalahari, se produjo otro hallazgo asombroso en otra parte del sur de África, lo que reforzó la reputación de la región como un punto caliente para lo inexplicable. Los residentes locales se toparon con un objeto parcialmente enterrado en el suelo, cuya superficie metálica brillaba bajo el sol. A primera vista, parecía un avión sin alas, pero los intentos de desenterrarlo resultaron inútiles: era como si el objeto se hubiera fusionado con el suelo a lo largo de incontables años. Al no poder extraerlo por completo, los investigadores centraron su atención en la parte superior expuesta, donde descubrieron un tesoro de anomalías.

Representación de una nave espacial hallada en el desierto del sur de África. Crédito de imagen: GROK – Edición: codigooculto.com
El mecanismo estaba construido con metales raros, incluidos elementos que no suelen encontrarse en depósitos naturales o maquinaria convencional. En su interior, una red de cavidades albergaba bobinas, muelles y placas, dispuestos con una precisión que sugería una ingeniería avanzada. A diferencia del disco de Kalahari, este objeto no presentaba las cicatrices de un choque; en cambio, parecía haber sido colocado deliberadamente, o tal vez crecido, en su lugar de descanso. Su propósito seguía siendo un misterio, pero su comportamiento ofrecía pistas tentadoras. Durante un primer examen, el silbato de un científico provocó una leve vibración en el mecanismo, lo que indicaba una respuesta al sonido. Intrigados, los investigadores utilizaron posteriormente infrasonidos (ondas de baja frecuencia inaudibles para los humanos) para poner a prueba sus capacidades. Los resultados fueron asombrosos: el objeto se elevó 30 centímetros en el aire, flotando brevemente antes de estabilizarse, como si despertara de un largo letargo.
Esta levitación, aunque fugaz, sugería una tecnología capaz de desafiar la gravedad, haciéndose eco de las implicaciones sobrenaturales del accidente de Kalahari. ¿Podrían estar relacionados estos dos descubrimientos? ¿Eran restos de la misma fuerza enigmática que visitó el sur de África en 1989? Las preguntas se multiplicaban, pero las respuestas seguían siendo esquivas.
El experimento infrasónico: un momento decisivo
Desde entonces, el disco del Kalahari y el mecanismo del sur de África se han convertido en los pilares gemelos de una saga científica y especulativa. El incidente de la “Silver Ball” atrajo inmediatamente la atención de los ufólogos, entre ellos el Dr. Azadehdela, un investigador sudafricano que se puso en contacto con colegas británicos en junio de 1989, ofreciéndose a someterse a una prueba de detector de mentiras para validar su relato. Su testimonio, combinado con el documento filtrado de Van Groyen, pintó un cuadro de un encubrimiento militar en torno a un objeto demasiado avanzado para ser de origen humano. Mientras tanto, el mecanismo en tierra atrajo un tipo diferente de escrutinio, menos sobre su llegada y más sobre su función. Investigadores de campos tan diversos como la ciencia de los materiales, la acústica y la física teórica han estudiado su composición, tratando de desvelar sus secretos.
La aleación de magnesio y el diseño sin costuras del objeto de Kalahari contrastan con los metales raros y los intrincados componentes internos del mecanismo sudafricano, pero ambos comparten un aura de lo extraordinario. Las emisiones radiactivas del disco interrumpieron los equipos, mientras que la levitación activada por sonido del mecanismo desafió la física tal como la conocemos. Algunos teóricos proponen que el choque de Kalahari esparció fragmentos por la región, y que el mecanismo es un componente superviviente. Otros sostienen que representan fenómenos distintos: uno, un visitante de las estrellas; el otro, una reliquia de una civilización terrestre perdida con tecnología olvidada.

Representación de una nave con forma de platillo estrellada en el desierto de Kalahari. Crédito de imagen: GROK – Edición: codigooculto.com
Investigación en curso: desentrañar el enigma
Más de tres décadas después, ambos descubrimientos siguen envueltos en el enigma. El yacimiento de Kalahari ascendió a los cielos de la tradición OVNI, mientras que el mecanismo del sur de África sigue cautivando a los investigadores sobre el terreno. El informe de la «Bola de Plata», aunque impugnado, sigue vivo en documentos filtrados y fotografías borrosas, mientras que el artefacto levitante se resiste a ser extraído, con sus secretos encerrados en la tierra. El trabajo continúa en ambos frentes: los científicos analizan los materiales del mecanismo con herramientas de vanguardia, mientras que los ufólogos rebuscan en los archivos en busca de más pruebas del accidente del Kalahari.
¿Fueron estos objetos regalos de una inteligencia alienígena, arrojados a las arenas y suelos del sur de África? ¿O insinúan un capítulo de la historia humana aún no escrito? El desierto del Kalahari y su vecino meridional son testimonio de una región donde lo imposible parece posible, una tierra donde los discos estrellados y las reliquias que desafían la gravedad cuestionan nuestra comprensión del pasado, el presente y quizás incluso el cosmos más allá.
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