Hace más de una década, una investigación científica propuso posibles evidencias geológicas vinculadas al terremoto mencionado en los relatos bíblicos sobre la crucifixión de Jesús. Aunque el estudio fue publicado en 2012, su reciente reaparición en redes sociales ha reavivado el interés público y el debate en torno a este episodio histórico y religioso.
El Evangelio de Mateo señala que la tierra tembló poco después de que Jesús pronunciara sus últimas palabras en la cruz, un pasaje que durante siglos ha sido interpretado como un acontecimiento simbólico o sobrenatural. Sin embargo, un grupo de investigadores presentó hallazgos que algunos consideran compatibles con esa descripción.
Evidencias bajo el mar Muerto
Los científicos analizaron formaciones sedimentarias situadas en las proximidades del mar Muerto, a unos 40 kilómetros del área donde numerosos historiadores ubican la crucifixión. El estudio identificó indicios de al menos dos eventos sísmicos significativos que afectaron la región en distintos momentos.
Las alteraciones en los sedimentos apuntan a un gran terremoto alrededor del año 31 a. C. y a un evento sísmico menor ocurrido en algún punto entre los años 26 y 36 d. C. Este último intervalo coincide con el periodo en que Poncio Pilato ejerció como procurador de Judea, etapa en la que el Evangelio de Mateo sitúa el terremoto posterior a la muerte de Jesús.
Poncio Pilato, quinto gobernador romano de Judea, es señalado en la tradición bíblica como la autoridad que presidió el juicio y autorizó la crucifixión. Muchos estudiosos sitúan este acontecimiento en torno al año 33 d. C.
Cómo se datan terremotos antiguos
Algunos críticos han cuestionado la posibilidad de fechar con precisión un terremoto ocurrido hace casi dos mil años. No obstante, la geología y la sismología histórica cuentan con métodos consolidados para estimar cronologías de eventos antiguos.
Entre las técnicas empleadas se encuentran la datación por radiocarbono de material orgánico hallado en fallas geológicas, el análisis de depósitos asociados a tsunamis, el estudio de capas de sedimentos deformadas y la dendrocronología, que examina los anillos de crecimiento de los árboles.
En el caso del mar Muerto, los investigadores trabajaron con núcleos extraídos en Ein Gedi. Cada año, el lago deposita dos capas diferenciadas de sedimento —una más densa en invierno y otra más ligera en verano— conocidas como varvas. Al contarlas, es posible reconstruir una secuencia anual e identificar alteraciones producidas por movimientos sísmicos.
Algunas de estas capas aparecían plegadas o fracturadas, lo que fue interpretado como evidencia de terremotos antiguos. Con base en dos muestras principales, el equipo elaboró una línea temporal que abarca desde el 31 a. C. hasta el 31 d. C.

Los científicos encontraron indicios de al menos dos terremotos importantes que afectaron a la región. Las alteraciones en los sedimentos apuntaban a un gran terremoto alrededor del año 31 a. C. Crédito de imagen: Jefferson B. Williams
Una región sísmicamente activa
El mar Muerto se sitúa sobre la Transformación del mar Muerto, una importante falla tectónica donde la placa arábiga y la placa del Sinaí se desplazan lateralmente. Esta configuración convierte a la zona en una región con alta actividad sísmica.
La falla se extiende principalmente de norte a sur y genera distintos tipos de fracturas en la corteza terrestre. La cuenca del mar Muerto, formada por este movimiento tectónico, constituye el punto más bajo de la superficie terrestre emergida. Registros históricos y arqueológicos indican que la región ha experimentado terremotos durante al menos 4000 años.
Los sedimentos también conservan señales de condiciones climáticas. Tras el gran terremoto del año 31 a. C., las capas correspondientes al verano eran más delgadas y presentaban mayor contenido de yeso, lo que sugiere un periodo de sequía. Escritos del historiador judío Flavio Josefo describen hambrunas y sequías en Judea en esa misma época, en concordancia con la evidencia geológica.

Se identificó un evento sísmico de menor magnitud en algún momento entre los años 26 y 36 d. C. (imagen), cuando Poncio Pilato era procurador de Judea, el periodo en el que el Evangelio de Mateo describe un terremoto tras la muerte de Jesús. Crédito de imagen: Jefferson B. Williams
Interpretaciones y controversias
El estudio ha generado posiciones divergentes. Algunos lo interpretan como un posible respaldo histórico al relato bíblico, mientras que otros subrayan que un margen de varios años no constituye una prueba concluyente.
Los investigadores plantearon tres escenarios plausibles: que el terremoto descrito en el Evangelio de Mateo haya ocurrido efectivamente en ese periodo; que se trate de un evento sísmico cercano posteriormente incorporado al relato; o que haya sido un terremoto no documentado en fuentes históricas, pero lo suficientemente intenso como para dejar huellas en los sedimentos.
Estudios independientes realizados sobre las mismas muestras arrojaron resultados similares, lo que refuerza la consistencia de la cronología propuesta. Sin embargo, algunas capas presentaban daños o ambigüedades, lo que impide determinar un año exacto con total certeza.
El debate permanece abierto y se sitúa en la intersección entre la investigación geológica, la historia antigua y la interpretación de textos religiosos.
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Por: CodigoOculto.com











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