Algunos creen que existen entidades que no pertenecerían a nuestra realidad pero que serían capaces de manifestarse en ella con un propósito benigno: para protegernos. Es la conocida figura del ángel de la guarda que se presentaría en situaciones críticas con un carácter protector pero… ¿es esto así?

Existen numerosos casos en los que los testigos han manifestado que, en una situación en la que su vida corría peligro han sentido o visto una extraña presencia que les acompañaba, normalmente reconfortándoles, acompañándoles y haciéndoles sentir mejor que en algunas ocasiones hasta les hablan y les dan indicaciones.

Usualmente, según las descripciones, se trataría de figuras con forma humana en ocasiones siluetas o sombras e incluso se llega a aparecer la imagen de un ser querido ya fenecido que, en la gran mayoría de los casos son percibidas como entidades benévolas con la característica de que desaparecen momentos antes de que el testigo vaya a ser rescatado sin él todavía ser consciente de ello.

Estas extrañas situaciones son conocidas como el «Factor del tercer hombre» o el «Fenómeno del tercer hombre» tomando este nombre de uno de los casos más conocidos en el que se dio esta circunstancia dado que fue uno de los primeros en hacerse público siguiendo tras él incontables relatos similares de otras personas que se atrevieron a contar su historia.

El caso en cuestión fue descrito por el explorador británico Sir Ernest Shackleton quien se animó a publicarlo en su obra «South». Entre 1914 y 1916 tuvo lugar una expedición transantártica y el barco en el que viajaba el autor quedó atrapado en el hielo. Tras afrontar serias situaciones en dicho entorno, Shackleton junto a F. Worsley y T. Crean decidieron tratar de alcanzar una estación ballenera que se hallaba a varios días de camino.

Factor del Tercer Hombre: ¿Algo nos protege o tenemos un extraño mecanismo de supervivencia?

Se enfrentaron a una difícil travesía por el hielo en un paraje desolado que ponía sus vidas en peligro a cada momento en donde sucedió algo extraño, los tres compañeros experimentaron lo mismo aunque ninguno supo que los demás habían sentido lo mismo hasta tiempo después pues no se atrevían a contarlo.

El grupo sintió, durante casi toda la travesía, que una cuarta persona caminaba con ellos, en silencio, haciéndoles compañía. ¿Sería posible que hubieran tenido todos, la misma alucinación?

El caso adquirió tanta notoriedad que el reconocido escritor T. S. Eliot creó un poema sobre él, tomándose la licencia poética de cambiar el número de personas: en lugar de 3, pasaron a ser 2 más la sombra que les acompañaba. Esa tercera presencia fue después la que pasó a dar nombre a este enigmático fenómeno del factor del tercer hombre.

Tras publicarse esta experiencia y hasta la actualidad, no han dejado de surgir casos similares sucedidos en todo tipo de situaciones: alpinistas que sufren algún accidente, exploradores en la selva que se pierden, buceadores que se ven envueltos en alguna situación peligrosa, supervivientes de un atentado en un contexto urbano y hasta ha sucedido con presos de guerra.

 

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Pero… ¿Qué son estas presencias fantasmales? Y ¿por qué los testigos las perciben como entidades benévolas?

Un dato curioso es que se ha tratado de replicar esta situación en laboratorio provocando en los sujetos una experiencia similar, sin embargo, sucedió que varias de las personas que se prestaron a realizar tal experimento se sintieron tan inquietas que hubieron de abandonarlo.

¿Se trató de la misma experiencia? ¿Por qué en unos casos los testigos se sintieron reconfortados y en otros tan inquietos?

¿Podríamos estar ante un extraño mecanismo de supervivencia del cerebro que tratara por todos los medios de mantener al individuo con vida, ayudándole ante esas situaciones críticas? O ¿se trataría de algo más? ¿Qué provoca dichas experiencias?

Nuestra compañera Sonia Gupta del canal AEnigma presenta este intrigante fenómeno en mayor detalle en el siguiente vídeo:

Para disfrutar de más contenido como este, puedes visitar el canal AEnigma.

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