Durante mucho tiempo los investigadores se han preguntado qué causó la formación de los agujeros negros supermasivos más antiguos del universo: monstruos cósmicos tan antiguos y poderosos que los astrónomos aún pueden ver la luz que produjeron hace más de 13 mil millones de años.

Ahora, una nueva investigación sugiere que esos agujeros negros supermasivos se formaron en «halos» de materia oscura que sirven como «pegamento gravitacional» para las galaxias.

Colosal simulación

Los investigadores llegaron a esa conclusión después de examinar la Renaissance Simulation, un enorme conjunto de datos reunidos en una supercomputadora para comprender mejor el universo primitivo.

Descubrieron que los agujeros negros supermasivos eran más propensos a formarse en enormes grupos de materia oscura, cada uno con un impresionante ancho de 2.400 años luz.

Los 30 años luz interiores de la simulación muestran la formación de tres estrellas supermasivas
Los 30 años luz interiores de la simulación muestran la formación de tres estrellas supermasivas. Crédito: John Wise, Georgia Institute of Technology

John Wise, profesor de Georgia Tech, dijo en un comunicado de prensa:

Fue solo en estas regiones demasiado densas del universo que vimos cómo se formaban estos agujeros negros. La materia oscura crea la mayor parte de la gravedad, y luego el gas cae en ese potencial gravitatorio, donde puede formar estrellas o un agujero negro masivo”.

El estudio es notable no solo porque ofrece un vistazo a los tumultuosos primeros años del universo, dicen los investigadores, sino también porque abre las direcciones para futuras investigaciones de astrofísica.

John Regan, investigador de la Dublin City University, dijo en un comunicado:

La naturaleza violenta y turbulenta de la rápida asamblea, el choque violento de los cimientos de la galaxia durante el nacimiento de la galaxia impidieron la formación normal de estrellas y dieron lugar a condiciones perfectas para la formación de agujeros negros.

Esta investigación cambia el paradigma anterior y abre una nueva área de investigación”.

El estudio científico ha sido publicado en la revista Nature.

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