¿Puede ser esta la mejor explicación al origen de la megaestructura extraterrestre?

¿Puede ser esta la mejor explicación al origen de la megaestructura extraterrestre?

Durante más de un año, los científicos han estado desconcertados sobre los patrones de luces erráticas que llegan desde una estrella llamada KIC 8462852 – patrones tan extraños, que nunca se habían visto antes, y un astrónomo incluso ofreció la posibilidad de que se trate de una «megaestructura extraterrestre».

Ahora, después de varias hipótesis dadas por la comunidad científica en general, hay una nueva explicación sobre la mesa, y apunta a los últimos restos que quedarían de un planeta devorado.

Investigadores de la Universidad de Columbia sugieren que KIC 8462852 tragó un planeta en algún momento de su vida útil, y el patrón de luz parpadeante que vemos es causada por los restos de este planeta o sus lunas bloqueando de vez en cuando la luz de la estrella.

Esto podría explicar el repentino oscurecimiento intermitente, y la disminución más gradual de la luz de la estrella.

La estrella de Tabby (llamada así en honor a la astrónoma que la descubrió, Tabby Boyajian) se descubrió a finales de 2015 gracias al Telescopio Espacial Kepler. Pronto, los astrónomos comenzaron a fijarse en ella por un motivo. Su brillo titilaba de forma demasiado aleatoria, como si varios objetos de diferente tamaño pasaran por delante.

Las explicaciones para esos cambios aleatorios en el brillo iban desde un grupo de cometas, a un oscurecimiento gravitacional. Por supuesto, hay una tercera explicación que mantiene en vilo a los entusiastas del fenómeno ovni. Esta hipótesis asegura que el oscurecimiento y los cambios en el brillo de KIC 8462852 podrían deberse a algún tipo de megaestructura alienígena como una esfera de Dyson o un impulsor de Shkadow (Un sistema Shkadow es un dispositivo hipotético capaz de mover de su sitio una estrella con todo lo que orbita alrededor de ella).

El problema es que, salvo por la teoría de la megaestructura, no había ninguna otra teoría que permitiese explicar los cambios bruscos y el progresivo oscurecimiento de KIC 8462852 con simples fenómenos naturales de la astrofísica. Los astrónomos Brian Metzger, Nicholas Stone y Ken Shen han logrado precisamente eso. Lo que hace su estudio publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y actualmente sujeto a revisión es explicar ambos fenómenos.

La explicación es que un objeto muy grande, probablemente un planeta o sistema planetario, ha colisionado con la estrella. Como resultado de ese choque, la estrella ha quedado rodeada por una nube irregular de fragmentos que son los responsables de los cambios aleatorios y puntuales en el brillo de la estrella. Esos fragmentos pueden ser parte del propio planeta o de sus lunas. Además, si alguno de estos objetos tenía masas importantes de hielo, estas han tenido que evaporarse formando nubes alrededor de la estrella.

En cuanto a la progresiva reducción del brillo general de la estrella de Tabby, los investigadores explican que lo que está pasando es que la estrella está volviendo a sus niveles normales de brillo. La colisión con el planeta provocó un aumento espectacular de la luminosidad debido al aumento de las reacciones nucleares. A medida que los efectos de la colisión desaparecen, también lo hace este exceso de luminosidad.

¿Cuándo ocurrió este impacto? Todo depende de la masa del planeta que chocó con la estrella. Metzer explica que, si se trataba de un gigante gaseoso como Júpiter, la colisión tuvo que tener lugar hace alrededor de mil años. Si era un pequeño planeta rocoso, los cambios en el brillo indican que probablemente haya ocurrido hace menos de una década.

Lo mejor de este teoría es que puede probarse. Metzer y sus colegas explican que, si su hipótesis es cierta, la próxima vez que la estrella reduzca su brillo, debería haber una fulguración en el espectro infrarrojo. Ese aumento del calor se debe precisamente a los gases y polvo emitidos por los restos del planeta aún en órbita. Los investigadores explican que este tipo de colisiones probablemente sean más comunes de lo que pensamos.

Los resultados de este nuevo estudio ha sido publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

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