¿Podemos entrenarnos para desarrollar supersentidos? Esto dice la ciencia

¿Podemos entrenarnos para desarrollar supersentidos? Esto dice la ciencia

¿Se imaginan poder tener unos sentidos superdesarrollados? Tan solo imaginen cómo sería poder escuchar lo que las personas susurran a tus espaldas; o poder leer el horario del autobús desde el otro lado de la calle. Sin duda alguna, todos diferimos dramáticamente en nuestras habilidades perceptivas, para todos nuestros sentidos.

Pero, ¿tenemos que conformarnos con lo que la naturaleza nos ha dado en cuanto a la percepción sensorial? ¿O podemos/tenemos hacer algo para mejorarlo?

Las diferencias en la habilidad perceptiva son más obvias para los sentidos más valorados: el oído y la visión. Pero algunas personas tienen capacidades mejoradas para los otros sentidos también.

Por ejemplo, hay «superdetectores» entre nosotros, simples personas, que perciben sabores más fuertes a partir de diversas sustancias dulces y amargas (debido a un mayor número de receptores gustativos en la punta de la lengua); o gente que puede percibir olores antes que los demás.

Está demostrado que las mujeres son mejores al tacto que los hombres. Curiosamente, esto resulta no ser realmente una cuestión de género en absoluto, sino más bien tener dedos más pequeños.

Esto significa tener receptores táctiles que están más juntos, y por lo tanto brinda la posibilidad de percepción a una resolución más fina. Sin embargo, si un hombre y una mujer tienen dedos del mismo tamaño, tendrán una percepción táctil equivalente.

Aprendizaje perceptual

Los receptores sensoriales en nuestro cuerpo en gran medida establecen un límite en lo que podemos percibir. Sin embargo, este no es el final de la historia. Nuestra percepción es mucho más maleable de lo que podríamos esperar.

El campo científico del «aprendizaje perceptual» nos está ayudando a comprender la percepción y, por lo tanto, cómo podemos mejorarla.

Esta investigación revela que, de la misma manera que podemos entrenar para mejorar habilidades como deportes o idiomas, podemos entrenar para mejorar lo que podemos ver, oír, sentir, saborear y oler. En un entrenamiento sensorial típico, al aprendiz se le presenta un rango de estímulos sensoriales que varían en nivel de dificultad.

Tomando el tacto como ejemplo, estos podrían ser ráfagas de vibraciones en las almohadillas para los dedos que varían en frecuencia (qué tan rápido pulsan).

El aprendiz por lo general tiene que decidir sobre ambos estímulos, verificar si son iguales o diferentes. Típicamente, esto comienza con comparaciones fáciles (estímulos muy diferentes) y se vuelve sucesivamente más difícil.

La retroalimentación sobre si una respuesta es correcta o no mejora significativamente el aprendizaje, ya que permite a las personas hacer coincidir lo que ven o sienten con las propiedades de los estímulos reales.

Durante mucho tiempo se pensó que solo se podía mejorar su percepción mediante este entrenamiento explícito, pero también es posible aumentar la percepción sin hacer nada activamente ni darse cuenta de lo que está sucediendo.

En un ejemplo increíble, los científicos entrenaron a los participantes en un escáner cerebral para generar un patrón de actividad cerebral que coincidiera con lo que se vería si estuvieran mirando estímulos visuales particulares.

Les dieron retroalimentación sobre qué tan bien estaban generando este patrón, un proceso conocido como «neurofeedback».

Al final del entrenamiento, se les pidió a los participantes que identificaran varios estímulos visuales, incluido el que habían «visto» durante el entrenamiento. Resultó que eran más rápidos y precisos al informar el estímulo del entrenamiento a pesar de no haberlo visto físicamente.

Resultados dramáticos

Pero, ¿cuánto podemos esperar que mejoren nuestros sentidos? Eso depende en gran medida de cuánto tiempo y duro se entrene, y cuán efectivo sea el entrenamiento.

Puede ser sustancial: en nuestros estudios, el entrenamiento táctil ha producido mejoras de hasta aproximadamente el 42 por ciento de la agudeza original de los participantes, a partir de solo dos horas de entrenamiento.

Lo que es sorprendente es que algunos estudios informan mejoras de la percepción en un rango más allá de lo que los receptores sensoriales deberían permitir, en el rango de «hiperactividad».

Por ejemplo, en visión, las personas realmente pueden ver con una resolución más fina que el espaciado entre los receptores individuales en el ojo.

Puedes pensar en esto en términos de píxeles en una foto: cuantos más píxeles tienes, más detalles puedes ver. En el caso de la hiperaccuencia, las personas pueden ver mejor de lo que debería permitir la resolución de píxeles (con hallazgos similares en todos los sentidos, incluido el tacto y la audición).

Entonces, ¿cómo puede ocurrir esto? Se debe a un procesamiento inteligente en el cerebro: nuestros cerebros miran a través de toda la red de receptores para determinar dónde cae el «centro de gravedad» de la imagen, revelando posición y forma mediante el agrupamiento espacial de la información en la cuadrícula. De hecho, una cantidad sorprendente de percepción resulta estar determinada de menor forma por el órgano receptor que por el cerebro.

Por ejemplo, entrenar su visión para mejorar no altera los fotorreceptores de su ojo.

Mientras que la misma información sensorial ingresa al sistema a través de estos receptores, el entrenamiento permite que el cerebro filtre el ruido y «sintonice» de forma más efectiva la señal sensorial.

Otra evidencia de que el aprendizaje no puede estar sucediendo a nivel de los receptores sensoriales es que el aprendizaje sensorial se extiende.

Por ejemplo, si entrenas la percepción para mejorar con un dedo de la mano, este aprendizaje se propaga milagrosamente a otros dedos que están vinculados en el cerebro.

El hecho de que podamos entrenar nuestros cerebros para mejorar la forma en que extraemos información sensorial del mundo realmente es una buena noticia para todos nosotros. No menos importante porque nuestra percepción sensorial disminuye a medida que envejecemos.

Por el lado positivo, tanto los desarrolladores expertos en tecnología como los científicos han trabajado arduamente para franquiciar esta idea, utilizando conceptos de aprendizaje perceptual para crear aplicaciones de entrenamiento cerebral.

Estas aplicaciones no pueden superar los problemas de degradación sensorial causados ​​por receptores defectuosos o que envejecen (y algunos son ineficaces o se basan en ciencia dudosa). Sin embargo, si se diseñan correctamente, pueden darle un impulso significativo.

Incluso hay alguna evidencia de que tales programas de entrenamiento sensorial pueden traducirse en beneficios del mundo real, como el entrenamiento visual que aumenta el rendimiento del béisbol .

Algunos ya están disponibles en la web, como UltimEyes, una aplicación diseñada por investigadores del aprendizaje perceptual de la Universidad de California en Riverside. También tienen un prototipo de entrenamiento auditivo en crowdfunding.

Quizás pronto tengamos el poder de modificar nuestra percepción sensorial.

Con un rápido progreso científico, avanzamos hacia oportunidades fantásticas para maximizar la función de nuestros sentidos, ayudar a la rehabilitación de personas que han experimentado pérdida sensorial y que, en general, se vuelven más asombrosas.

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