Científico propone «sembrar vida» en exoplanetas distantes

Científico propone «sembrar vida» en exoplanetas distantes

Por CodigoOculto.com Aunque muchos no estén de acuerdo, recientemente un científico ha propuesto sembrar o «contaminar» un exoplaneta con los componentes básicos para la vida como la conocemos en la Tierra. Lo ha denominado «Proyecto Génesis».

Claudius Gros, físico teórico alemán cree que es factible realizar una modificación a la primera nave espacial interestelar que lancemos en un futuro, para permitir desacelerar lo suficiente como para orbitar un exoplaneta y sembrar componentes de la vida en una potencial segunda Tierra.

Al pensar en la inmensa cantidad de problemas que hemos creado para nosotros en el planeta Tierra, desde ecológicos a económicos, los objetivos de exploración y colonización espacial pueden sonar un tanto egoístas; sin embargo algunos lo ven como una solución, pues es posible que necesitemos encontrar un nuevo hogar debido a estos problemas y al fin poco esperanzador al que nuestro mundo parece estar destinado.

Sin embargo, incluso las estimaciones de colonización más optimistas se miden en décadas, y no hay garantía de que sobreviviremos el resto de este siglo , y mucho menos el tiempo suficiente para expandir efectivamente a la humanidad por toda la galaxia. Justamente, en esta razón reside el pedido del científico alemán.

¿Y si, en este momento, pudiéramos comenzar el proceso de sembrar vida en otros mundos? La humanidad puede no sobrevivir, pero alguna forma de vida podría.

Claudius Gros, cree que deberíamos considerarlo.

Gross cree que sembrar vida en todo el cosmos tiene prioridad sobre la colonización humana, y también cree que este proceso de sembrar intencionalmente otros planetas en el universo, denominado como panspermia deliberada, está dentro de nuestra capacidad tecnológica.

Breakthrough Starshot es un ambicioso plan para enviar la primera sonda a Alpha Centauri, nuestra estrella vecina más cercana después del Sol, usando un sistema de propulsión láser.

Según los cálculos, este viaje interestelar podría tomar aproximadamente 20 años y requerirá que una sonda que pese solo un gramo sea acelerada a una velocidad de 160 millones de km/h (100 millones de mph), que viene a ser una quinta parte de la velocidad de la luz. Realmente, una velocidad increíble.

Sin embargo, la sonda no tendrá un sistema de frenado, y según se espera, se movería cerca de la estrella por algunas horas, después de alcanzarla, solo el tiempo suficiente para tomar imágenes y transmitirlas a la Tierra.

En un estudio reciente publicado en la revista Journal of Physics Communications, Gros ha propuesto que usemos el mismo sistema de propulsión láser para enviar una nave espacial de 1,5 toneladas a velocidades más lentas para que podamos hacer algo más que solo tomar fotografías.

Gros propone que orbitemos un exoplaneta de forma estable, que nos permita «sembrar» la vida allí, utilizando «mini laboratorios» integrados que producirían genes y células.

El científico alemán ha apuntado a TRAPPIST-1, como destino posible; sin embargo, otros exoplanetas, como el recién descubierto Ross 128b, también están siendo considerados en el próximo «itinerario interestelar».

La hipotética nave espacial de 1.5 toneladas de Gros poseería enormes láseres terrestres dirigidos a una vela ligera de 50 kilómetros de ancho que impulsaría a la sonda a aproximadamente el 30% de la velocidad de luz, en su viaje con el objetivo de «sembrar» la vida en otros mundos.

A diferencia de la pequeña sonda utilizada para la misión Alpha Centauri, la nave espacial de Gros necesitaría poder detenerse una vez que llegara a su destino, por lo que ideó una forma de hacerlo utilizando una vela magnética que generaría fricción con protones.

Esto permitirá que la nave se desacelere en el camino, al igual que un automóvil se detiene por completo en la carretera.

Un protón ionizado (azul) sometido a deflexión a través del campo magnético (magenta)

Un protón ionizado (azul) sometido a deflexión a través del campo magnético (magenta). Crédito: Journal of Physics Communications

«El objetivo de la vela magnética es crear un campo magnético sin pérdida de energía», dijo Gros. «No quieres gastar energía, así que generas el campo una vez, y luego con un circuito superconductor, la corriente permanece para siempre, al igual que el campo magnético».

Esencialmente, los protones entre la Tierra y el destino de la sonda crearían la fricción necesaria para desacelerar.

Puede parecer extraño imaginar una sonda gigante siendo ralentizada por algo tan pequeño e insignificante como protones.

Para complicar aún más la situación, los científicos sospechan que restos de antiguas supernovas pueden haber barrido gases del espacio que rodea nuestro Sistema Solar y los que están cerca de él, reduciendo así la densidad de la materia.

Sin embargo, Gros explicó que incluso con esa menor concentración de materia, su diseño podría proporcionar la fricción necesaria para frenar la hipotética nave espacial lo suficiente como para orbitar, y no sobrevolar, un exoplaneta. «Se puede frenar por fricción desde el medio interestelar», dijo.

Recientemente, los científicos han comenzado a teorizar que el creciente número de exoplanetas descubiertos orbitando enanas rojas podría tener agua y oxígeno . Estos planetas poseen períodos de enfriamiento atmosférico mucho más largos que los de la Tierra, lo que podría haber impedido que se formara vida sobre ellos cuando apareció por primera vez en la Tierra.

«Le tomó al Sol 10 millones de años refrescarse a la temperatura actual, pero las estrellas pequeñas, como TRAPPIST-1, permanecieron calientes durante cientos de millones de años», dijo Gros.

En consecuencia, explicó, el vapor de agua dentro de la estratosfera de los planetas TRAPPIST-1 se disociaba por la radiación ultravioleta de la estrella anfitriona en hidrógeno y oxígeno.

El hidrógeno escapa al espacio, ya que es demasiado liviano como para ser retenido por un planeta similar a la Tierra, y el oxígeno que queda se acumula.

«Si algunos de los siete planetas TRAPPIST-1 todavía tienen un océano, también tendrían una atmósfera de oxígeno masiva. La presión de oxígeno de la Tierra es de 0.2 bares, pero en planetas similares a TRAPPIST-1, podría ser de 100 bar o más», dijo Gros.

Este exceso de oxígeno «devora» la vida biótica, impidiendo la formación de protocélulas. Los eucariotas complejos, que forman la base de la vida multicelular actual, nunca habrían tenido la oportunidad de desarrollarse en un «planeta de oxígeno».

«Podríamos tener millones o miles de millones de exoplanetas habitables, pero esterilizados con oxígeno desde el principio», dijo Gros. En consecuencia, la objeción común de que deberíamos evitar interferir con la evolución natural de la vida extraterrestre se desvanecería: no interferiríamos con nada.

El jardín cósmico puede esperarnos, pero el largo tiempo de tránsito propuesto por Gros puede disuadir a algunos de tomar en serio su proyecto de siembra de vida. Incluso después de que la sonda llegara a su destino, cualquier vida tomaría muchos miles de millones de años en desarrollarse, dijo Gros.

La iniciativa de Gros para sembrar vida en todo el cosmos, apodado el Proyecto Génesis, nos obliga a dar un paso atrás y echar un vistazo a lo que estamos haciendo en la Tierra.

«Si eres racional, no puedes argumentar que un proyecto a largo plazo tendrá uso en la Tierra, porque nadie estará presente», dijo Gros.

Para Gros, su misión hipotética finalmente obliga a la humanidad a considerar una cuestión metaética. El sistema ético más natural para nuestra especie es uno que nos coloca en el centro, y así es como vivimos. Pero, ¿debemos seguir este imperativo el 100% del tiempo? Gros no lo cree así.

«Un sistema ético que está 99 por ciento centrado en la humanidad es suficiente para construir una civilización próspera, con el 1 por ciento restante que nos permite seguir proyectos ‘no racionales’ como el proyecto Génesis», dijo Gross.

El estudio científico ha sido publicado en la revista Journal of Physics Communications

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