Científicos confirman existencia de agujeros negros supermasivos orbitando entre sí

Científicos confirman existencia de agujeros negros supermasivos orbitando entre sí

Crédito: UNM

Por primera vez en la historia de la ciencia, un grupo de astrónomos asegura haber observado el movimiento orbital entre dos agujeros negros supermasivos a cientos de millones de años luz de nuestro planeta. La búsqueda que comenzó hace más de una década ha dado sus frutos.

Para ser más exactos, el descubrimiento es el resultado de más de 20 años de trabajo, una hazaña increíble que quedará para siempre en los anales de la historia, sobre todo teniendo en cuenta las mediciones tan precisas que se necesitan para ello. Según ha explicado Greg Taylor, uno de los investigadores de la Universidad de Nuevo Mexico:

Durante mucho tiempo, hemos estado buscando en el espacio para tratar de encontrar un par de estos agujeros negros supermasivos orbitando como resultado de la fusión de dos galaxias. Aunque hemos teorizado que esto debería estar sucediendo, nadie lo había visto hasta ahora.

Se trata del primer par de agujeros negros que se ven como objetos separados que se mueven uno con respecto al otro, y por lo tanto hace de éste el primer «binario visual» de agujero negro.

Un mapa VLBA de color de la radio galaxia 0402 + 379 a 22 GHz. La galaxia alberga dos agujeros negros supermasivos en su centro, denominados como C1 y C2.

Un mapa VLBA de color de la radio galaxia 0402 + 379 a 22 GHz. La galaxia alberga dos agujeros negros supermasivos en su centro, denominados como C1 y C2. Crédito: UNM

Para llevar a cabo el trabajo, el equipo observó el par de agujeros negros en una galaxia, la denominada 0402 + 379, a unos 750 millones de años luz de la Tierra. La galaxia fue observada por primera vez en 1995 y estudiada en el 2003 y 2005.

Para que nos hagamos una idea, los investigadores han explicado que la masa combinada de estos agujeros negros supermasivos es cerca de 15 mil millones de veces la de nuestro sol, y que su período orbital es alrededor de 24.000 años.

Esto significa que a pesar de que el equipo estuvo observando estos agujeros negros durante más de una década, no fueron capaces de detectar ni siquiera la más mínima curvatura en su órbita. Pensemos que uno de los principales problemas a los que se enfrentan es que los agujeros negros no se pueden observar directamente, sólo pueden detectarse por su efecto sobre la materia cercana.

Por tanto, para encontrar la órbita de estos agujeros negros, el equipo utilizó el telescopio Very Long Baseline Array (VLBA), compuesto de 10 radiotelescopios. Al medir las distintas frecuencias de las señales de radio emitidas por los agujeros negros pudieron trazar su trayectoria. Según Karishma Bansal, principal autora del estudio:

Creemos que los dos agujeros negros supermasivos en esta galaxia se fusionarán. Una fusión que llegará en millones de años. Ahora que hemos sido capaces de medir el movimiento orbital en uno de estos pares, nos alienta a buscar otros similares.”

Mapa de la galaxia a través del VLBA

Mapa de la galaxia a través del VLBA

Lo cierto es que desde la teoría de la relatividad general de Einstein, los astrónomos han estado fascinados por los agujeros negros supermasivos. De hecho, recientemente se han dado nuevos descubrimientos sobre los agujeros negros, aunque todavía hay mucho camino por delante.

Por eso es tan importante el descubrimiento de hoy, porque nos permitirá observar la órbita y la interacción de estos agujeros negros y, quizás, revelar mucho más sobre el origen de nuestra galaxia o el papel que los mismos agujeros negros juegan en el universo.

El equipo ha explicado que en unos años volverán a dirigirse a esas dos regiones finitas del espacio para confirmar todas las observaciones y mejorar las proyecciones alrededor de las órbitas y sus trayectorias. Mientras tanto, hoy es simplemente un día para estar muy orgullosos. Por primera vez en la historia hemos observado el “tú a tú” de esos sumideros gravitacionales que llamamos agujeros negros.

El estudio ha sido publicado en The Astrophysical Journal.

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