La enigmática Tiahuanaco: ¿Una ciudad construida por gigantes?

El conjunto arqueológico de Tiahuanaco es, sin duda, uno de los más enigmáticos de América y del mundo. Está situado en el altiplano boliviano, y muy próximo a las profundas aguas del Lago Titicaca. Existen muchas contradicciones con respecto a sus orígenes. La tesis mejor aceptada nos dice que Tiahuanaco no fue más que una pequeña aldea que creció a orillas del Lago Titicaca. Sin embargo, si eso fue así, ¿cómo es posible que las ruinas recuperadas hasta ahora se hallen esparcidas ocupando áreas kilométricas?

Pero si los orígenes de esta civilización son misteriosos, también lo es su final: desaparecieron sin dejar rastro. Es decir, su desaparición aparentemente se produjo de forma brusca entre los años 1000 y 1200 de nuestra era, sin que existan motivos concretos para ello. Es como si, simplemente, abandonasen sus ciudades y se fuesen. ¿A dónde? No lo sabemos. De hecho, incluso dejaron inconclusos algunos edificios que se encontraban en pleno proceso constructivo. Es más, ni siquiera el nombre de Tiahuanaco es el nombre original, ni de la ciudad ni de la cultura, puesto que de ese modo es como los bautizaron los incas, que llegaron después.

La Cultura Tiahuanaco está considerada por algunos especialistas como la cultura más antigua de la América preincaica, por lo que también se la denomina como la cultura madre del continente americano. Para otros fue la capital de un antiguo imperio megalítico o de un gran imperio que se expandió por todos los Andes Centrales. En todo caso, también fue la cultura más longeva puesto que según los indicios descubiertos hasta el momento, sus orígenes se remontan hasta, posiblemente, el año 2000 AC. Aunque, precisamente, las fechas de nacimiento de esta cultura son uno de los mayores misterios que entraña. Durante su mayor apogeo abarcó un territorio que se extendía por áreas pertenecientes a los actuales Bolivia, Perú y Chile. Tiahuanaco, capital del reino y centro religioso principal, llegó a superar los 5 kilómetros cuadrados de extensión con una población estimada de unos 40.000 habitantes.

Tiahuanaco, según los arqueólogos, estaba constituido como una teocracia, es decir, dirigida por una élite sacerdotal. A partir de los siglos I y II comenzó a crecer y entre los siglos II y VIII se expande mucho más gracias, precisamente, a la fuerza de su religión. Pero su mayor desarrollo llegará a partir del siglo VIII, cuando su dominio del bronce les dota de una notable superioridad militar sobre el resto de culturas vecinas. Hacia nuestro año 1000 habría alcanzado su máximo apogeo, dominando un territorio de más de 500.000 km cuadrados y disfrutando de una capital donde algunos arqueólogos aseguran que pudieron vivir más de 100.000 personas.

Ciudad de Gigantes

Una de las cosas que más llama la atención en Tiahuanaco son los enormes bloques de andesita, una piedra volcánica muy abundante en los Andes, de los que recibe su nombre.

En Tiahuanaco existen bloques que superan las 100 toneladas de peso. ¿Cómo es posible que los moviesen y trasladasen hasta la ciudad desde orillas del Lago Titicaca, de donde se supone que los extraían, en trayectos de entre 10 y 300 kilómetros, cuando además en ese área no existen árboles cuyos troncos puedan hacer de rodillos? Otro nuevo misterio sin respuesta posible.

Algunos de los famosos, extraños e idénticos «bloques H» de Puma Punku

Algunos de los famosos, extraños e idénticos «bloques H» de Puma Punku

Cuando los incas aparecen en escena, Tiahuanaco ya estaba en ruinas. Es de los propios incas de donde procede el mito que sitúa los orígenes del hombre en las cercanías del Lago Titicaca. Según los incas el dios Viracocha, un dios blanco y con barba creador del Universo, tras crear el mundo habría viajado por toda la Tierra enseñando a vivir a los hombres. Pero antes de la existencia del hombre, Viracocha también habría creado un mundo oscuro, habitado por gigantes a los que primero esculpió en piedra. Existen diferentes versiones sobre el resto del mito. Unas cuentan que los gigantes desobedecieron a Viracocha y éste los volvió a transformar en piedras en lugares como Tiahuanaco, siendo sumergidos luego por una inundación provocada por Viracocha, de la que sólo sobrevivieron un hombre y una mujer, quienes fueron transportados hasta la morada del dios en Tiahuanaco. La ciudad, por tanto, habría sido construida por los gigantes, mientras que el lago Titicaca sería lo que quedó de dicha inundación.

Situado sobre la orilla oriental del Lago Titicaca, a casi 3.000 metros de altitud, su centro urbano giraba en torno a un impresionante complejo ceremonial cubierto de piedras, perfectamente talladas y decorado con colosales esculturas, ocupando cerca de 4 kilómetros cuadrados. Rodeando al centro ceremonial y administrativo se levantaba otro de carácter residencial cuya extensión ocupaba más de 50 hectáreas.

Monolito Fraile, y el templo Akapana al fondo

Monolito Fraile, y el templo Akapana al fondo

El centro de Tiahuanaco se diseñó en torno a dos avenidas principales alineadas por templos elevados sobre plataformas, residencias de la élite social y enterramientos varios. El templo más alto, Akapana, posee una plataforma de 200 metros de lado y alcanza los 15 metros de altura. En sus proximidades destaca el templo Kalasasaya, de menor tamaño y en cuya cima se construyeron pequeños santuarios. En la entrada noroeste al Kalasasaya se ubica la famosa e imponente Puerta del Sol. Otros edificios a destacar de este antiquísimo centro urbano serían el «Palacio de los Sarcófagos» o «Putuputuni», lugar de entierro de las altas personalidades, el templete semisubterráneo y la gran pirámide de Pumapunku.

Hipótesis y suposiciones

Su historia y sus orígenes continúan siendo un misterio. Muy poco se ha podido contrastar sobre sus habitantes, pero sí se sabe que algunos aventureros españoles, enviados por el Rey Carlos I en el siglo XVI, encontraron esta ciudad, abandonada casi del todo por los indios que vivían en el área. Cuando descubrieron que Tiahuanaco ya había sido destruida cuando los incas llegaron a ella, unos cien años antes, trataron de investigar su origen. Pero cuando el español Pedro Cieza de León preguntó a los aymara si Tiahuanaco fue construida por los incas, estos se rieron y afirmaron que lo que podía observar había «ocurrido súbitamente en el curso de una sola noche», realizado por unos seres gigantescos en épocas anteriores al gran diluvio. Para los incas, Tiahuanaco era una ciudad sagrada hasta la que se acercaban a realizar ofrendas religiosas.

La Puerta del Sol fotografiada en 1877

La Puerta del Sol fotografiada en 1877

Son incontables las hipótesis, opiniones y discusiones surgidas a lo largo de los últimos 500 años acerca de los orígenes de Tiahuanaco. Así, el cronista Bernabé Cobo narra que los pobladores del área le contaron una historia que afirmaba que los pesados bloques de piedra eran transportados por los aires al son de una trompeta. Por su parte, Percy Harrison Fawcett, socio de la Royal Geographical Society de Londres, escribió que los tiahuanacotas conocían los secretos de una planta que crecía en las selvas amazónicas, cuya savia tenía el poder de reblandecer la dura roca hasta transformarla en una pasta dúctil sobre la que poder trabajar fácilmente. El escritor francés Robert Charroux, afirmaba que los escritos pictográficos de Tiahuanaco relatan que en la era de los tapires gigantes unos seres humanos, muy evolucionados, palmeados y con sangre diferente a la nuestra, venidos de otro planeta, hallaron de provecho el lago más alto de la Tierra. Además, describía a la mujer que llegó a Tiauhanaco en una nave:

«Descendió una mujer, que se parecía a las mujeres actuales de los pies a los senos; pero tenía la cabeza en forma de cono, grandes orejas y manos palmeadas de cuatro dedos. Su nombre era «Orejona» y venía del Planeta Venus, en donde la atmósfera es más o menos análoga a la de la Tierra […]. Un día, cumplida su misión de formar una nueva raza, Orejona volvió a emprender vuelo en su aeronave».

Representación de Oryana, la diosa Orejona de Tiahuanaco

Representación de Oryana, la diosa Orejona de Tiahuanaco

Por otro lado, en su obra «Tiahuanaco, Cuna del Hombre Americano», Posnansky afirma haber encontrado un cráneo fósil a una profundidad de cuatro metros, en la pirámide de Akapana, junto a restos de huesos de especies de animales extintas. El investigador Guillermo Lange aporta, posteriormente, que expertos zoólogos determinaron que estos restos pertenecían a la especie del Toxodón, el cual vivió en el Plioceno, hace 25 millones de años, en la Era Cenozoica, en medio de un clima benigno de abundante vegetación. Aunque la especie del Toxodón se cree desaparecida del área andina desde hace más de 12.000 años, la misma se encuentra representada en diversas figuras tiahuanacotas.

Tiahuanaco, una ciudad y una civilización rebosantes de misterios y preguntas que siguen sin resolverse ni ser respondidas. Una ciudad construida en distintas fases, aunque no sabemos el orden cronológico de sus edificios. Construcciones a base de enormes y pesadísimos bloques de piedra. Verdaderos tesoros megalíticos que, además, destacan por la suma perfección de sus cortes rectilíneos. ¿Quiénes eran, realmente, los tiahuanacotas?¿Cómo construyeron estos templos, que aún hoy nos asombran? ¿Para qué fin utilizaban esos bloques de tantas toneladas de peso hace dos mil años? ¿Cómo trasladaban dichos bloques? ¿Cómo los izaron y colocaron?¿Cómo diseñaron una ciudad tan bien planificada? ¿Cómo consiguieron tallar esquinas y orificios circulares perfectos, ángulos precisos y cortes lisos, sin estrías ni señales de herramientas? ¿Qué le sucedió a Tiahuanaco hacia el año 1100? ¿Por qué desaparecieron?… ¿Obtendremos algún día las respuestas a todas, o al menos algunas de estas preguntas?

Este artículo fue publicado por Ancient Origins.es y ha sido publicado nuevamente en CodigoOculto.com con permiso.

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